Cuento: Diego y su canario amarillo | Bosque de Fantasías

Cuento: Diego y su canario amarillo

Cuento: Diego y su canario amarillo



CUENTO DE KARLA BARBOZA (Caracas, Venezuela) de 19 años

 Diego y su canario amarillo



Esta historia comienza en un pueblito muy pequeño, lejos de donde estamos ahora mismo. Era un pueblito tan pequeño, que su nombre difícilmente se veía en los mapas. En ese lugar vivía un niño muy alegre llamado Diego junto a su fiel amigo Pepe, el cual era un hermoso canario amarillo.

Pero aquella no era como las demás supuestas amistades entre un humano y un animalito, especialmente un ave, puesto que a Diego no le gustaba que su amigo Pepe estuviese todo el día en una jaula encerrado. Diego cerraba las ventanas de la casa y lo dejaba volar libre de un lado a otro en las tardes.

Juntos jugaban durante muchas horas y Diego era muy feliz con su lindo canario, siempre esperaba ansioso salir de clases para volver directo a casa a jugar con su pequeño amigo amarillo. A papá y a mamá le preocupaba que Diego no tuviera más amigos que su pequeña ave, pero para Diego aquello no tenía demasiada importancia, pues él siempre decía que no se trataba del número de amigos que tengas, sino de cómo te sientas estando con ellos.

Y tenía toda la razón.

Un día, Diego comenzó a notar que su amiguito ya no jugaba tan felizmente con él, como siempre lo hacía, en cambio se paraba en la ventana que daba al bosque y miraba fijamente fuera, como deseando volar libre y sentir el calor del sol sobre sus pequeñas plumas, para luego cantar hermosamente en las ramas de algún anciano árbol.

Esto le preocupaba mucho a Diego, puesto que no estaba listo para dejar ir a su amigo aun. ¿Luego con quién pasaría las tardes? No tenía a nadie más que a su pequeño canario amarillo.

Sin embargo, los días pasaban y la amarilla avecita sólo se posaba en la ventana a mirar fuera del cristal. Veía el sol en lo alto del cielo, las esponjosas nubes pasear lentamente, las demás aves atravesar rápidamente todo el lugar y la brisa mover a los árboles, una brisa que nunca sentía porque un vidrio lo separaba de todo aquello.

Diego pensó mucho sobre su amigo que estaba tan triste y quería hacer algo para que no se sintiera mal, pero no hallaba qué cosa podría funcionar. Ya había intentado dándole sus semillas preferidas y adornando su jaula con ramitas, pero nada de eso parecía animarlo.

Así que simplemente una tarde, tras jugar con él y decirle lo mucho que lo quería, lo cogió cuidadosamente para no hacerle daño y salió al bosque con él. Caminó un buen tramo hasta que llegó al pequeño riachuelo que estaba cerca de casa.

  • Espero que seas muy feliz, mi pequeño amigo –Dijo con un poco de triste Diego, mientras le daba un pequeño beso en su cabecita amarilla- Tan feliz, como me hiciste a mi todo este tiempo – Y tras esto le dejó volar libre por el cielo.

Miró como revoloteó feliz de un lado a otro y luego atravesó el cielo, volando hacia el horizonte. Diego se sintió contento de comprender que cuando quieres con todo el corazón a alguien, en ocasiones debes dejarlo libre para que esté bien.

 

canario amarillo

Publicado el

enero 27, 2016

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