Cuento: El Sauce Llorón | Bosque de Fantasías

Cuento: El Sauce Llorón

Cuento: El Sauce Llorón



Cuento de Pilar Holguín González

 EL SAUCE LLORÓN



Cuando los aldeanos de Constanza pasan por el camino de Manueque, paran a descansar a la sombra del Gran Sauce, y entonces Pedro le pide a su abuela que le cuente la historia del árbol. « ¡Por favor abuela, cuéntame el cuento de Saucito!». Y la abuela, relata la historia que le contó su abuela de generación en generación. Algún día Pedro se lo contará a su nieto.

«¡Bueno! Dicen las gentes que había un niño en el pueblo de Constanza que se llamaba Saucito, y cuando sus padres le traían a Manueque para la vendimia, como no había ninguna sombra en el camino, Saucito lloraba y lloraba sofocado por el calor; por lo que se ganó el apodo de Saucito “el llorón”. Saucito, con el tiempo, creció y se hizo un hombre y los aldeanos le querían y respetaban, era un señor bondadoso y amable con todos:

  • ¡Buenos días Don Sauce!
  • ¿Cómo le va Don Sauce?
  • Buenos días. Bien, bien…tirando de mis cansados huesos como puedo- Respondió Don Sauce.

Una noche, vino a visitarle una señora muy bella que le sonreía a los pies de la cama, y Don Sauce supo que había llegado su hora…»

  • Era muy listo, ¿verdad abuela?- Interrumpió Pedro.
  • Claro, había vivido cien años y la vejez te hace ganar sabiduría – Le respondió la abuela y prosiguió:

«Bueno, pues antes de irse con la señora, escribió en un papel que su última voluntad era ser enterrado en la mitad del camino entre Constanza y Manueque. Y así se hizo. Al cabo de los meses empezó a crecer este hermoso árbol en el lugar donde descansaban los restos de Don Sauce; y en su memoria, se conoce al árbol como “Sauce Llorón”».

  • ¡Mira abuela! Esa gota que rodaba por las hojas del árbol, es una lágrima.
  • Puede ser, al Sauce le encanta oír año tras año su historia…

cuento sauce llorón

Publicado el

febrero 9, 2016

1 Comentario

  1. MariL

    En mi casa, siempre fue una institución el cuento a la hora de dormir. Después, nosotros lo hemos transmitido a nuestra hija, en la esperanza que sea un valor digno de legar, y digno de abrazar pues es valioso portador de ilusiones.

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