Cuento: La niña y la princesa | Bosque de Fantasías

Cuento: La niña y la princesa

Cuento: La niña y la princesa



Cuento de Isabel Muñoz de 9 años, natural de Puertollano en Ciudad Real (España)

LA NIÑA Y LA PRINCESA



Samanta era una pequeña y humilde niña que vivía en las afueras de un hermoso reino. Su familia tenía pocos recursos y era una de las más pobres del pueblo.

Sin embargo, Samanta estudiaba en uno de los mejores colegios del reino, pues su padre se esforzaba trabajando para el Rey y, en lugar de recibir monedas de oro como pago, le pedía que su hija pudiera estudiar en la mejor escuela, ya que era una niña muy estudiosa.

En el colegio, Samanta era el blanco perfecto para las bromas pesadas debido a sus orígenes. Diariamente merendaba sola y alejada de sus compañeros de clase para no levantar ningún alboroto.

Un frío día, Samanta se encontraba en una de las pequeñas mesas del patio a la hora de la merienda. Tenía frío y hambre, puesto que sus padres pasaban por una terrible crisis. Su vestimenta era pobre y escasa, aunque poseía un pequeño y ligero abrigo que la protegía un poco del terrible frío. Pasó unos minutos observando a los demás niños comer y algo llamó su atención inmediatamente: Johana, una de las niñas más populares, había discutido con sus amigos y estos le habían destrozado su abrigo en pequeñas e inservibles partes. Samanta, en lugar de sentirse bien por lo que había sucedido, se sentía preocupada por ello. Corrió hasta Johana, y sin pensarlo demasiado, se quitó su fino abrigo cubriendo sus hombros. Después, como la directora había salido para avisar a todos de que la hora de la merienda había terminado,  Samanta se fue corriendo sin despedirse de Johana.

Esa misma tarde, a la hora de la salida, Samanta recorrió la ruta de costumbre directa a casa, sin darse cuenta de que la compañera a la que acababa de ayudar, Johanna, la seguía. A la mañana siguiente un gran alboroto hizo que Samanta saltara de su cama y corriera hasta la salida de su casa. Allí vio a su madre llorando de rodillas y a su padre hablando con el mismo Rey en persona. Detrás del hombre, había una carretilla llena de comida, semillas para sembrar y ganado. Tras aquel gesto la familia de Samanta era más rica que nunca.

La verdad era que aquella niña a quien Samanta había ayudado con tanta humildad era la hija del Rey, quién quedó agradecida profundamente por aquella acción y decidió recompensar a la familia de Samanta por ello. Desde ese mismo día, Samanta y su familia ya no volvieron a tener una vida difícil y la pequeña se  pasaba los días en el reino jugando con su nueva mejor amiga, Johana.

niña pobre

Publicado el

mayo 5, 2016

4 Comentarios

  1. Diana

    Es muy bonito el cuento me sirvio para mi tarea

    Responder

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