CUENTO INFANTIL: La tortuga Artura (por Pilar Holguín González)

Cuento infantil: La tortuga Artura

Cuento infantil: La tortuga Artura

Nueva colaboración de nuestra amiga Pilar Holguín González. ¡Ojalá la disfrutéis tanto como nosotros!

 

LA TORTUGA ARTURA

Os quiero contar la historia de una pequeña tortuga que vive en el bosque de la fantasía. Todos los animales la conocen con el nombre de Artura, porque desde pequeña siempre se queja de su lentitud.

  • ¡Qué hartura, no puedo correr!
  • ¡Qué hartura, siempre llego la última!

Y es que nuestra amiga quisiera ser más rápida pero… como sabéis las tortugas son muy lentas.

Artura se enfada mucho algunas veces, porque quiere llegar la primera a los campos de lechuga. Cuando ella aparece, los demás animales ya se han comido las partes más tiernas y jugosas.

Un día decidió madrugar para llegar pronto al huerto de Don Tomás, y mientras todos los animales dormían, inició su lento caminar. Como aún era de noche no vio una piedra en el camino con la que tropezó, con tan mala fortuna, que cayó de espaldas.

Imposible darse la vuelta por mucho que pataleó y se esforzó.

Con las  luces del día los animales empezaron a despertar, y la primera en pasar junto a nuestra amiga fue una oruguita que intentó con todas sus fuerzas dar la vuelta a la tortuga, pero no lo consiguió.

También pasó una lombriz y tras muchos esfuerzos, desistió.

  • Lo siento Artura, no consigo moverte.

Nuestra amiga, la tortuga, lloraba de impotencia y se decía:

  • Esto me ha pasado por querer ir más deprisa de lo que puedo, si hubiese ido lenta, pero segura, ya habría llegado al huerto.

Pasaron las horas y cuando Artura pensó que había llegado su fin, se le acercó un cachorro de perro pastor que, curioso, olfateó a la tortuga y con el morro empujó lo que pensaba que era una piedra rara, dando así la vuelta a nuestra amiguita. Cuando Artura vio que el perro seguía curioseando decidió meter la cabeza y las patas en su caparazón y así, protegida, esperó paciente.

El cachorro, al no encontrar atractiva la piedra que antes parecía moverse, se marchó.

Y así Artura, la tortuga, aprendió la lección. Tenemos que hacer las cosas a nuestro ritmo y no al de los demás, porque si hacemos las cosas deprisa para terminar los primeros las haremos mal y perderemos mucho más tiempo.

Y colorín colorado este cuento se está terminando, despacito como el andar de la tortuga.

artura la tortuga

Publicado el

noviembre 25, 2018

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