CUENTO INFANTIL: El valor de las cosas | Pilar Holguín González

El valor de las cosas

El valor de las cosas

Nuestra amiga Pilar Holguín González nos trae una nueva historia cargada de valores y de aprendizajes importantes para los más pequeños. A través de sus personajes descubriremos el verdadero valor de las cosas, una excelente enseñanza para todos.

 

El valor de las cosas

 

Me encontráis aquí arriba en la rama más alta de un árbol, y yo, que soy el señor Búho y me gusta mucho observar, os voy a contar la historia de dos niñas que vivían solo con una pared de por medio.

Davinia siempre estaba feliz, jugaba en el patio con cualquier cosa y sola podía crear historias fantásticas: unas veces era un palo que le servía de espada, otras una muñeca metida en una caja de cartón que ella usaba de cuna…Cuando nevaba, un cartón se convertía en el mejor de los trineos. ¡En fin, que nunca se aburría!

Al otro lado del muro vivía Ninoska. Cuando salía a su jardín se sentaba en un escalón del porche y observaba el montón de juguetes tirados aquí y allá, y pensaba que no tenía nada con lo que divertirse. Un día se oyeron unas risas al otro lado y Ninoska, que sabía de un agujero por donde a veces miraba lo que ocurría en el otro jardín, se dirigió a él: era la niña que no tenía juguetes, que estaba sentada con un perro y un gato y les servía té imaginario en unos tapones de refresco.

“¡Menuda birria!”, pensó ella, que tenía el mejor juego de té de todo el barrio. ¡Sentaría en el jardín a su perro y jugaría a lo mismo! Pero el perro de Ninoska no aparecía por ningún sitio. El animalito, cuando escuchó su nombre de la boca de la niña (que además le pegaba), se escondió debajo de una silla en la cocina.

“¡Qué aburrimiento!”… Sonó de nuevo la voz de Davinia, que ahora hablaba con alguien:

  • ¡Vale! –decía.- Tú eres el tendero y yo vengo a comprar.

Había un niño jugando con la niña y usaban piedras de diferentes tamaños como si fuesen frutas, y hojas de árbol de verduras y…

  • ¡Menuda estupidez!”-dijo Ninoska,- yo tengo el supermercado de juguete con productos que parecen de verdad mejor de todo el barrio. Pero es muy aburrido jugar sola…

¿Por qué esa niña que no tenía nada era tan feliz y ella que tenía todos los juguetes del mercado se aburría tanto? Volvió a sentarse en el mismo escalón y entonces me vio. Cogió una piedra y la lanzó contra la rama donde yo me encuentro. ¡Menos mal que no tiene puntería!

  • ¡Vamos a ver pequeña! ¿Por qué estás siempre tan enfadada? Yo no te he hecho nada.
  • ¡Me aburro!- Dijo Ninoska.
  • Pues juega con tus preciosos juguetes.
  • ¡Son un rollo! Hasta que mi papá no me compre uno nuevo no podré divertirme.
  • Entonces se volvió a escuchar la cantarina risa de Davinia.
  • ¿A qué juega esa niña? ¡Tú que estás ahí arriba puedes verlo!

 

El búho movió lentamente la cabeza y dijo:

  • Le tira una pelota hecha de lana al perro y él corre detrás.
  • ¿Y eso le parece divertido? No lo entiendo.
  • ¡Pues yo sí! – dijo el señor Búho- Davinia es feliz con cualquier cosa y solo necesita su imaginación para jugar. Tú, en cambio, tienes un montón de juguetes pero careces de imaginación.
  • A mí no me falta de nada… ¿Por qué no soy feliz?
  • Yo te lo explico. Davinia es una niña pobre, tú eres una pobre niña, y hay algo que nunca podrás comprar con dinero: el valor de las pequeñas cosas.

Así que ya lo veis, mis queridos lectores, hay veces que deseamos tener lo que pensamos que a otros les hace felices, cosas que no se pueden comprar, y seguro que nosotros tenemos un montón de razones para serlo también. ¡Solo nos falta el saber disfrutar de las pequeñas cosas!

EL VALOR DE LAS COSAS

 


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