CUENTO INFANTIL: Una sábana en la ventana | Pilar Holguín González

Una sábana en la ventana

Una sábana en la ventana

Nueva entrada de Pilar Holguín González sobre un tema tan importante como es el de dejar el pañal y enfrentarse a nuevos retos. Con todo su cariño, este cuento va dedicado para todos aquellos que, en algún momento, se hayan caído al agua por la noche: “con el tiempo y la comprensión de vuestros padres la cama estará seca, y si necesitáis ayuda, llamad a Pipíno… ¡Felices sueños!”

 

Una sábana en la ventana

 

El protagonista de nuestro cuento se llama Miguel. De mayor quiere ser pirata, pero no un pirata cualquiera, él será el capitán del barco con pata de palo y loro en el hombro. Lo de llevar un parche en el ojo no le hace mucha gracia, pero su amiga Sandra, que será su grumete, le ha dicho que a ella sí le mola.

Esta noche Miguel ha soñado que asaltaban un gran velero, con cañones a los costados. Se han hecho con el cofre del tesoro pero, un pirata del barco enemigo le ha tirado por la borda al mar… y claro, cuando se ha despertado la cama estaba mojada.

De pronto su mamá entra para decirle que ya está el desayuno:

  • ¿Otra vez Miguel? Cariño, tienes que levantarte al baño si necesitas hacer pis.

Después de desayunar y coger su mochila, Miguel sale a la calle y se reúne con Sandra, Izan y Jorge pero… ¡Ahgggg! ¡Su madre ha colgado la sábana en la ventana y se ve una gran mancha en el centro! Y justo entonces por detrás se acerca Guille que mira hacia arriba:

  • ¡Miguel se mea en la cama! Jajajaja…¡Menudo capitán de barco!

La cara de Miguel se pone roja de vergüenza o, ¿es de rabia?, y mira por el rabillo del ojo a sus amigos. Ellos no le dicen nada y continúan su camino al colegio.

A la mañana siguiente, cuando vuelven a reunirse los cuatro amigos, Miguel observa que hay más sábanas colgando en las ventanas:

  • Le dijimos a nuestras madres que colgasen las sábanas-dice Sandra- porque era nuestra señal pirata.

La mirada de agradecimiento de Miguel no se puede describir, pero os la podéis imaginar ¿verdad?

Su amigo Jorge le comenta:

  • No te preocupes Miguel, esta noche le diré al loro Pipíno que hable contigo, a mí me ayudó.
  • ¿Pipíno?- Dice Sandra.
  • ¡Sí! Será nuestro loro-mascota cuando tengamos el barco.
  • ¡Vale, vale! – Respondió Sandra.

Esa noche Miguel dejó una pequeña luz encendida… Quería ver cómo era Pipíno, pero pasaban los minutos y nada y empezaron a cerrarse sus ojos.

  • ¡Eh Capitán, no te duermas!

Allí estaba, era precioso. No tenía un gran tamaño pero su plumaje verde y azul era espectacular.

  • ¡Hola Pipíno! pensé que no vendrías a ayudarme.
  • Yo nunca falto a mis citas. Aquí me quedaré en tu lámpara, tú duerme tranquilo, capitán.

Pero Miguel ya no estaba en su habitación porque soñaba que estaba en una isla enterrando el tesoro y…

  • ¡Al abordaje, al abordaje! – Gritaba Pipíno.

Miguel se despertó, tenía ganas de ir al baño. Fueron dos abordajes esa noche.

  • ¡Buenos días! – dijo su mamá- ¡Miguel, no has mojado la cama! ¡Eres un campeón!

Su madre no le dijo nada sobre el loro y eso que no paraba de revolotear por toda la habitación.

Esa mañana Miguel tenía muchas ganas de encontrarse con sus amigos. Hablarían de sus sueños y sobre todo de su amigo parlanchín. Al salir a la calle solo había una sábana colgada en la ventana con una gran mancha en el centro.  Era de la ventana de Guille, que pasó al lado de los cuatro amigos sin decir ni adiós. Se iba mirando los zapatos y no levantó la cabeza a mirarles cómo hacía siempre.

  • ¡Vaya! – dijo Jorge- habrá que dejarle nuestro loro Pipíno a Guille un día de estos.

Y se fueron al colegio entre risas, saltos y simulacros de peleas. Por encima de sus cabezas volaba un loro verde y azul que gritaba…

  • ¡Al abordaje! ¡Al abordaje!

 

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