Cuento de San Valentín: Margarita y los rayos de sol

Cuento: Margarita y los rayos de sol

Cuento: Margarita y los rayos de sol

Margarita y los rayos de sol

 

En la naturaleza existen toda clase de flores maravillosas que extienden sus pétalos hacia el sol. Las hay que tienen formas curiosas o colores muy brillantes, y también están esas que se confunden con la vegetación y solo te sorprenden con su belleza cuando las miras más de cerca.

Las flores muchas veces nacen en los lugares más curiosos y llaman la atención de cualquiera que las mire. Eso es exactamente lo que sucedió con Margarita, una linda y blanca flor que nació en el borde de una acera en una calle cualquiera de nuestra ciudad. Al principio, cuando era un capullo, nadie se dio cuenta de su existencia, pero un día los rayos del sol hicieron que abriera sus pétalos… y así fue como las personas la vieron y pudieron contemplar su belleza.

Margarita, a pesar de sus circunstancias, era una flor muy alegre y cariñosa, y procuraba animar a todas aquellas personas que la miraban. Así, una mañana pasó por su lado una mujer muy ocupada que al ver a Margarita pensó en su mamá, a la que no había llamado en mucho tiempo.

—Oh, esa flor blanca me ha recordado al pelo rizado de mi querida mamá… —dijo la mujer deteniéndose junto a Margarita— Hace mucho que no la llamo con tanto trabajo y tantas preocupaciones, ¿cómo va a saber cuánto la quiero y cuánto me acuerdo de ella cada día?

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Ante los ojos de aquella mujer Margarita se estremeció, y envió un poco de brisa llena de alegría hasta sus mejillas, que se enrojecieron de nostalgia. Entonces la mujer vio a Margarita todavía más bonita, y de inmediato tuvo una idea estupenda:

—El amor hay que demostrarlo, a veces con acciones y a veces con palabras —dijo sacando su teléfono—, así que llamaré a mi mamá para decirle cuánto la quiero.

Y así la mujer se alejó caminando, hablando animadamente con su mamá, que se puso muy feliz de escuchar la voz de su hija.

Un rato después un hombre muy pensativo pasó por el mismo lugar, suspirando con pesar mientras pensaba en su hijo, que vivía muy lejos. Entonces, al ver a Margarita emergiendo entre el asfalto y elevando sus pétalos hacia el sol con alegría, sintió que su corazón latía más fuerte en su pecho y que no debía quejarse tanto.

—El amor de la familia es como esa flor, que nace y se mantiene vivo a pesar de las dificultades—Exclamó el hombre acercándose todavía más a Margarita.

Entonces pensó en arrancar la flor y llevársela para casa, para animarse un poco, pero recordó que las flores arrancadas tienen una vida muy corta y no quería eso. Entonces, pensándolo mejor, el hombre decidió llevarse a Margarita de aquel lugar tan peligroso y lleno de coches, y la plantó de nuevo en el jardín de su casa en una maceta de color violeta, donde la cuidó con mimo día tras día.

El hombre, cada vez que veía a Margarita se sentía más valiente y fuerte, sabiendo que pronto volvería a ver a su querido hijo. Finalmente, un 14 de Febrero, el hijo se presentó en casa ansioso por dar una sorpresa a su padre:

—¡Estoy aquí! ¡Cuánto te he echado de menos papá!

Y el hombre, que no lo esperaba, no pudo aguantarse las lágrimas, que brotaban por sus mejillas sin parar de pura felicidad. Aquel mismo día la maceta cambió y ya no contenía solo a Margarita. Las flores blancas se habían triplicado, y la maceta se veía hermosa y rebosante de vida. Margarita, a pesar del lugar en el que había nacido, siempre había estado feliz y positiva, y la vida se lo devolvió con creces, igual que devolvió a aquellos transeúntes el tiempo perdido.

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Sin duda los preciosos y brillantes rayos del sol no solo inspiran y alimentan a las flores, sino que también ayudan a las personas dándoles esperanza, felicidad y amor…¡y San Valentín era una fecha estupenda para celebrarlo!

 


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