CUENTO INFANTIL: Las brujas y las lentejas | Bosque de Fantasías

Las brujas y las lentejas

Las brujas y las lentejas

Cuento para niños: Las brujas y las lentejas

 

Era miércoles por la mañana cuando Jorge salió al bosque a buscar un poco de leña. Llevaba sus pantalones marrones más cómodos, unos zapatos que le protegían los pies, una camiseta un poco manchada de tierra y, por supuesto, una vara que había encontrado en el camino. Aunque a su mamá no le agradaba que fuese solo a buscar leña, Jorge siempre insistía en hacerlo, ya que de camino podía cantar canciones divertidas y saltar sin parar, además de mirar los pájaros volar de un lado a otro. Luego reunía madera seca que llevaba a casa y así disfrutaba mucho de su paseo y de toda aquella actividad, que le resultaba “pan comido”.

Pero aquél día todo fue diferente, pues pasó algo escalofriante. Al notar una hilera de humo provenir del bosque, Jorge se acercó sigiloso para ver lo que sucedía, descubriendo, para su mala suerte, que se trataba de tres brujas que revolvían sin parar una cazuela enorme. ¡Y lo más raro es que olía delicioso!

 

las brujas y las lentejas cuento niños

 

Así, bien escondido y observando sin parar a aquellas brujas, Jorge pudo ver también cómo, con una larguísima cuchara de madera, una de las brujas trazaba grandes círculos dentro de la cazuela, cómo otra echaba algo verde en el caldo, y cómo la tercera avivaba el fuego con grandes leños secos. Desde luego, las tres brujas parecían muy contentas y reían a carcajadas sin parar, como las brujas de los cuentos.

  • Son brujas, está claro… —dijo Jorge sin apartar la mirada y casi olvidando que estaba solo— ¿Estarán haciendo una poción?

Dicho esto, Jorge comenzó a correr de vuelta a casa tan rápido como sus piernas se le permitieron, pero en el camino una de las brujas lo atrapó. Entonces, el pequeño se asustó tanto que se echó a llorar, llamando a su mamá con todas sus fuerzas.

  • ¿Por qué lloras? —Preguntó una de las brujas.
  • ¡Vais a echarme al caldero para comerme! —Dijo Jorge llorando de nuevo.
  • Me temo que un niño llorón no es un buen aditivo para nuestro guiso de lentejas —Dijo la mujer echándose a reír y soltando a Jorge.
  • ¿Solo estáis haciendo lentejas? —Preguntó el pequeño secándose las lágrimas y mirando a las otras dos brujas.
  • Pues sí, con leña quedan mucho más deliciosas —dijo otra de las brujas acercándose más—, pero tuvimos que abandonar nuestro guiso porque alguien nos asustó, y cuando vinimos a ver qué era resultó ser un niño pequeño muy curioso.
  • Pensé que las brujas hacían hechizos y comían niños como yo —dijo Jorge riéndose un poco pero algo asustado aún.
  • Las brujas somos vegetarianas —dijo la bruja mayor riéndose—, nada de carne. Si vas de camino a casa, cuando llegues no te olvides de invitar a tu familia a comer un poco de guiso con nosotras si os parece a todos bien. Pero por favor, ¡no nos vuelvas a asustar!
  • Vosotras me asustasteis a mi primero —Susurró Jorge, ya alejándose por el camino que llevaba a casa.

Cuando llegó y le contó a su mamá lo que había sucedido, ella se echó a reír con ganas y le acarició la cabeza a su pequeño hijo, contándole un secreto que no mucha gente conocía:

  • Las brujas son solo mujeres, casi siempre señoras mayores y muy sabias, que a menudo cocinan en el bosque, y son realmente muy buenas cocineras. Sus pociones no son más que remedios hechos de hierba, que desgraciadamente no les permiten volar en escobas.
  • ¿Entonces por qué se dice que las brujas son malas? —Preguntó Jorge, haciendo al tiempo un puchero gracioso del susto que aún tenía en su pequeño cuerpo.
  • Para que los niños se porten bien y no se adentren solos en el bosque —contestó su mamá riéndose nuevamente—, ¿A que ya no quieres volver a alejarte de casa tú solito?

 

cuentos de brujas las brujas y las lentejas

 

Tras aclararlo todo, esa misma noche papá, mamá, el pequeño Jorge, y hasta el gato Klaus, que era la mascota de la familia, fueron a reunirse con las tres brujas y a disfrutar del mejor guiso de lentejas del mundo entero, y tras aquella curiosa y extraña comida, Jorge prometió no asustarse más al ver a una bruja, así como tener mucho cuidado y no salir nunca solo de casa…¡y menos sin el permiso de mamá y papá!

 


Más contenidos


Publicidad

1 Comentario

  1. Carmen

    Muy bien, me gusto el relato sencillo y con un buen mensaje.

    Responder

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *