Cuento infantil : Dumbo

Cuento infantil : Dumbo

Dumbo: Cuento clásico para niños

 

Érase una vez un tren de un circo que viajaba a través del campo, lleno de animales, payasos y acróbatas. La locomotora, como fiel guardián de aquel viaje, lideraba la procesión resoplando y arrastrando los vagones, dejando tras de sí una estela de expectación y asombro. Así, por cada ciudad por la que pasaban, el circo daba un gran espectáculo lleno de sorpresas y de acrobacias.

En uno de aquellos viajes, llegada la primavera, no solo despertaron las flores y los pajarillos, sino también la expectación y la curiosidad de las madres del reino animal del circo, que aguardaban con dulce anticipación el evento más hermoso y natural del año: el nacimiento de sus crías, traídas por las diligentes y misteriosas cigüeñas. Todas miraban anhelantes el cielo esperando noticias, cuando de pronto una cigüeña entregó a la señora Jumbo (una elegante mamá elefante) un paquete que albergaba ternura y pura felicidad. Entonces la señora Jumbo desenvolvió su envío y los demás elefantes la rodearon diciendo:

  • ¡Qué bebé tan lindo! ¡Qué rico es!

De pronto, el bebé hizo una mueca y estornudó, y con su estornudo desplegó las orejas y todos vieron que eran muy grandes, momento en el que los demás elefantes comenzaron a burlarse:

  • ¡Qué enormes orejas!
  • ¡Parece un barco de vela!
  • Déjeme que las toque. ¿Serán de verdad?

 

cuento dumbo el elefante volador

 

Pero a la señora Jumbo no le gustaron las bromas y gritó:

  • ¡Aparten sus trompas de mi bebé! ¡No quiero que se metan con él!

Y el pequeño elefantito comenzó a llorar, hasta que la señora Jumbo le acercó a su cuello y le acarició con la trompa para que se calmara:

  • Vas a llamarte Dumbo—le dijo.

Al día siguiente el tren paró al fin en una ciudad y los elefantes ayudaron a montar el circo para el gran espectáculo. ¡Hasta el pequeño Dumbo trabajó codo con codo junto a su madre! Una vez montado y llegada la tarde, todos los trabajadores del circo desfilaron por la calle principal: primero el director del circo y a su lado dos payasos; después los camellos, los leones y los tigres, y por último, cerrando el desfile, todos los elefantes con Dumbo al final. Pero, cuando aún no había terminado el desfile, el pequeño Dumbo se tropezó con sus propias orejas, de tan emocionado que estaba, y con tan mala suerte que unos niños traviesos que lo vieron rompieron en burlas y carcajadas:

  • ¡Con esas orejas no te mojarás en días de lluvia!—Dijeron al unísono.

Y la señora Jumbo se enfureció tanto que llenó su trompa de agua y comenzó a escupirla con fuerza después sobre los niños. Sin embargo, aquella defensa, malinterpretada por los ojos de quienes no conocen el amor de una mamá elefante, hizo que la señora Jumbo fuese separada de su hijo, pues era algo que no había ocurrido nunca antes e hizo que todos pensasen que se había vuelto loca.

Tras aquel triste episodio, el director del circo mandó encerrar a la señora Jumbo en un vagón con barrotes sin más dilación, y el pobre Dumbo se quedó fuera llorando, solito y completamente asustado, con el resto de elefantes acusándole del encierro de su valiente madre. ¡Incluso decían que se encontraba presa por su causa!

  • ¡Tú no eres un elefante, eres un monstruo!

Y al poco rato, en aquel momento de oscuridad y de tristeza, surgió una luz en forma de pequeño ratón. Era Timoteo, que desde lejos había visto la injusticia que se había cometido en aquel circo y con aquel pequeño elefante y su mamá, y no dudó en intervenir con su astucia.

 

ratón timoteo cuento dumbo

 

Como los elefantes tienen miedo de los ratones, Timoteo supo que al verle todos dejarían en paz a Dumbo, y no se separó más de él, haciéndose enseguida su gran amigo. Timoteo había sido capaz de ver más allá de las simples apariencias, comprendiendo que lo que nos hace diferentes es lo que nos convierte en extraordinarios.

Al siguiente día el director del circo decidió que Dumbo trabajara en el número de los payasos, y montaron en la pista una gran casa de papel en la que Dumbo tenía que saltar a través del fuego para caer en una lona de bomberos. Sin embargo, al comenzar el ensayo, Dumbo cayó de mala manera y la gente comenzó a reírse a carcajadas, aunque Timoteo pudo darse cuenta de que se había hecho daño y de que sufría, por lo que tuvo una idea:

  • Tus orejas son grandes, así que tal vez puedas volar. Vamos, empieza a agitar las orejas: ¡arribaaa y aaabajo!
  • ¡Pero los elefantes no vuelan!—Protestó Dumbo.
  • ¡Ese es su problema!—respondió Timoteo—¿Te acuerdas cuando te decían que no eras un elefante? Pues vamos a demostrarles que sí, y que mucho más especial que el resto. ¡Vamos a entrenar al campo! ¡Date prisa!

Y Dumbo se animó mucho y siguió a Timoteo hasta un barranco, donde empezaron el entrenamiento. Allí Timoteo ordenó a Dumbo que saltara agitando las orejas como si fuesen alas, pero el pequeño no parecía atreverse a saltar, por lo que Timoteo se subió en su sombrero para darle algo de confianza.

 

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Así, y con su nuevo amigo acompañándole, Dumbo se armó de valor y realizó un espectacular salto moviendo las alas, pero cayendo al poco rato en plancha sobre el duro suelo. A pesar de la caída, Dumbo y Timoteo probaron muchas veces más, en las que el pequeño elefantito saltaba al vacío moviendo las orejas sin parar, pero cayendo siempre al suelo. Por eso, al atardecer y acabar el entrenamiento, los dos estaban tan cansados que se quedaron dormidos allí mismo. A la mañana siguiente, Timoteo se despertó primero y encontró frente a sus ojos a cuatro extraños cuervos:

  • ¿Dónde estoy?—Preguntó restregándose los ojos.
  • Está usted en la copa de un árbol. Y ahora, explíquenos cómo ha conseguido subir aquí junto a ese elefante—Dijeron los cuatro cuervos al tiempo, completamente admirados.

Y Timoteo se quedó atónito. ¡Era verdad! ¡Estaban en la copa de un árbol y Dumbo había conseguido volar!

  • ¡Despierta, Dumbo, despierta!—gritó Timoteo muy excitado—¡Serás famoso en el circo! ¡Eres capaz de volar!

Entonces Dumbo despertó por las voces entusiasmadas de Timoteo, pero sin lograr salir de la confusión.

  • ¡Vamos, Dumbo, inténtalo otra vez ahora!—gritó de nuevo Timoteo—¡Vamos a volar desde aquí hasta abajo!

Y Dumbo se lanzó al aire casi sin pensarlo, pero cayó en un charco de agua que había debajo. Medio atontado, todo sucio y mojado, se levantó escuchando las extrañas risas de los cuervos, que no creían posible que los elefantes volasen.

 

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Pero Timoteo, que era sumamente pequeño pero increíblemente valiente, se encaró con ellos:

  • ¡Ustedes no tienen corazón! Burlarse de un pobre ser vivo solo porque tiene las orejas más grandes…¡Es cruel y un sinsentido!

Y los cuervos pidieron disculpas, arrepintiéndose por lo sucedido y prometiendo enseñar al pequeño elefante a volar:

  • Toma esta pluma mágica—dijo el cuervo que era más viejo—Con ella conseguirás volar…¡Todas nuestras crías aprenden gracias a esta pluma!

Acto seguido, Dumbo tomó la pluma mágica con la trompa y cogió un poquito más de confianza, agitando las orejas fuertemente y comenzando a volar.

  • ¡Viva! ¡Estas volando!—exclamó Timoteo muy contento, acomodado en el sombrero de Dumbo.
  • ¡Pues es hora de darle un diploma a este elefante volador!—dijeron los cuervos, entusiasmados con el alumno.

Tras conseguir volar de continuo, Dumbo se entrenó bastante y aprendió muchos trucos con los que poder brillar en el circo, a donde regresó con Timoteo escondido en el ala de su sombrero. Aquella misma noche, Dumbo tenía que saltar de la casa en llamas, pero todo fue diferente a como el dueño del circo había imaginado, pues Dumbo no saltó…¡salió volando!

El público aplaudió la actuación de Dumbo con verdadera emoción y con un gran asombro, y todos admiraron a aquel elefante volador con mucha ilusión hasta que, de pronto, Dumbo perdió la pluma mágica que le daba la confianza y fue cayendo al suelo sin frenos.

  • ¡Puedes volar sin ella, Dumbo! ¡Continúa batiendo las orejas!—Ordenó Timoteo.

 

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Y Dumbo obedeció y subió de nuevo con el aire, mientras el público rompía de nuevo en aplausos:

  • ¡Viva, Dumbo, el elefante volador! ¡Viva!

La valentía y la determinación del pequeño elefante no solo le llevó a la fama, sino que también permitió que liberaran a su madre al fin, y nuestro amigo se hizo tan famoso que el circo pasó a llamarse con su propio nombre: “el circo Dumbo”, para recordarnos que la ilusión y los sueños lo cambian todo, y que el amor, la aceptación y la creencia en uno mismo pueden elevarnos hasta las alturas más inimaginables.

 


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12 Comentarios

  1. Josue

    Que cuento tan bonito

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  2. Dulce

    Hermoso cuento, se lo dedicó a Allison Karinme para que sepa que nunca debe desanimarse ante las burlas de otras personas sino armarse de valor y demostrar lo capaz que es de alcanzar sus sueños y lograr todo lo que se proponga

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  3. Hugo

    Hermoso cuento,se lo dedico a mi esposa Paulina

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  4. Hugo

    Hermoso cuento dedicado a mi esposa Paulina

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  5. Duviel

    Bonito cuento que le dedico a Meli ♥️

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  6. Majorie

    Bello cuento, se lo dedicó a Allison, mi sobrina de 6 años.

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  7. Luis F.

    Hermoso cuento que le dedico a mí esposa

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  8. Vivi

    Hermoso cuento, que dedico a Santiago. A quien adora que le cuente cuentos antes de dormir.

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  9. Alexia

    Que bonito cuento y que reflexión te deja gracias por compartir

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    • Ana

      yo estoy de acuerdo contigo

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  10. Valen Mora

    Que hermoso cuento, me encanta la idea de que un elefante tenga el sueño de volar

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  11. Angel

    Tan bonito y hermoso

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