CUENTO INFANTIL: Anky, el dinosaurio con armadura

Anky, el dinosaurio con armadura

Anky, el dinosaurio con armadura

Anky era un dinosaurio muy fuerte y con una armadura dura como una roca. Era el único que podía enfrentarse al temible T-Rex sin salir huyendo, pero era tan fuerte y temido que muchas veces el resto de los dinosaurios tenían una visión equivocada de cómo era él en realidad.

Anky no era solo un dinosaurio temerario que aplastaba cosas en su tiempo libre, de hecho era lo que menos le interesaba, pues su gran pasión era la jardinería. Por aquella razón en su casa tenían un gran número de flores que Anky cuidaba con mucho recelo, sin embargo, aquella pasión era su mayor secreto. Nadie sabía ni esperaba que Anky fuese en realidad una persona muy sensible y él tampoco quería que los demás terminaran burlándose de él, por lo que prefería mantener la imagen del dinosaurio duro  feroz que transmitía su armadura.

Y todo continuó así hasta que un día un pequeño triceratops entró por accidente en su jardín tras haber perdido su pelota:

  • ¡Oh! –dijo el triceratops, que no podía dejar de mirar totalmente encantado los diferentes tipos de flores que había allí.

Había flores de todos los colores: algunas rojas, otras amarillas y azules, violetas…y el pequeño triceratops se preguntaba quién sería el dueño de semejante preciosidad. Una duda que duró bien poco, pues pronto una gran sombra le cubrió de repente.

  • ¡Vaya! No recordaba que hubiese nubes en el cielo…-Se dijo para sí el triceratops.

Y seguidamente, al darse la vuelta para ver si iba a llover, el triceratops se llevó la gran sorpresa. ¡Casi se muere del susto al ver al gran dinosaurio con armadura!

  • No deberías estar aquí –Dijo Anky con su voz grave y fuerte.
  • Yo…Yo lo siento mucho –Dijo el pequeño triceratops muy avergonzado y asustado.

El triceratops no esperaba ver al gran Ankylosaurus, el mayor dinosaurio que nadie jamás había visto, de manera que se interesó y decidió preguntar a qué se debía su presencia allí:

  • Disculpe… ¿Y usted qué hace aquí? –Preguntó el pequeño triceratops, que a punto estaba de irse.
  • Nada en especial…–respondió Anky–, pero ahora tienes que irte.

El pequeño no dijo nada ante la petición de Anky, así que se fue sin más. Sin embargo, a la mañana siguiente, volvió a pasar lo mismo. La pelota del triceratops cayó de nuevo en el jardín de Anky, y a punto estaba de irse cuando escuchó que alguien cantaba en el interior de la casa. Entonces el triceratops decidió asomar su cabeza por la ventana y encontró a Anky regando y cuidando un montón de bonitas flores.

  • ¿Pero qué haces aquí de nuevo? –Preguntó Anky mirando sorprendido al pequeño dinosaurio.
  • ¿Tú hiciste todo esto? –Dijo el pequeño mirando las macetas llenas de flores.
  • Sí –respondió Anky muy preocupado por si se burlaba de él.
  • Pues eres un artista–Dijo el triceratops, y a continuación decidió contarle que su mamá también tenía un jardín muy grande con muchas plantas.

Y desde aquel día, el pequeño triceratops iba todas las tardes a ver a Anky trabajar y a charlar un poco. Con el paso del tiempo el triceratops fue presentando a Anky más amigos, pues todos deseaban ver aquel jardín tan florido y cuidado por las grandes manos de un dinosaurio.

De esta forma Anky fue perdiendo la vergüenza y el miedo a los demás, descubriendo que nada de todo aquello que le gustaba le hacía débil, sino que le  hacía más fuerte y capaz de proteger a otros seres vivos sin armadura, como las flores. Ahora Anky era más fuerte que nunca porque, además de ser el dinosaurio más querido por el reino de las plantas, también era el más querido por los de su propia especie. Y por si esto fuera poco, Anky fue nombrado el mejor florista y jardinero de toda su región.

De paso, todos los demás dinosaurios descubrieron que las apariencias a veces engañan, y que el pobre Ankylosaurio, a pesar de su armadura y de su cola, no quería romper nada ni hacer daño a nadie.

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *