CUENTO INFANTIL: Rexy el T–Rex | Bosque de Fantasías

Rexy el T–Rex

Rexy el T–Rex

Cuento de dinosaurios: Rexy el T–Rex

Rexy era un T–Rex muy especial. Tanto, que el resto de los T–Rexes pensaban que era muy raro, y es que Rexy era el único al que no le interesaba asustar a los demás animales o comérselos.

Él era vegetariano, lo que significaba que adoraba las verduras y las frutas, aunque también era muy amante de los dulces, sobre todo del algodón de azúcar de color rosa. Su familia no entendía que le gustaran aquellas cosas, por lo que Rexy pasaba demasiado tiempo solo. Sin embargo un día, mientras daba un paseo por la selva, Rexy conoció a Rana, una ranita muy saltarina y ruidosa que se había quedado atrapada en el orificio de un tronco.

  • ¡Por favor, qué alguien me saque de aquí! –dijo la ranita intentando dar saltitos para escapar de un tronco que era cien veces más grande que ella– ¿Hay alguien ahí? –Preguntó muy asustada.
  • Hola, me llamo Rexy. Yo te ayudaré, pero espera que encuentre algo con lo que puedas subir – Dijo Rexy a la ranita muy decidido.

Rana, desde la profundidad del tronco, no alcanzaba a ver quién era su misterioso salvador, solo sabía que estaba muy agradecida por su generosa ayuda. De pronto, Rexy lanzó su propia cola al interior para que la ranita pudiese subirse a ella. Rana al principio se asustó, pues era bien sabido que muchos dinosaurios eran fanáticos de las ranas a la hora de comer, pero cuando al fin pudo ver a Rexy se dio cuenta de que solo había bondad en sus ojos.

  • ¡Espera! ¿Habías pensado que lo que quería era tenderte una trampa y comerte?–Dijo Rexy preocupado.
  • Bueno, pues…es que eres un T–Rex, y todo el mundo sabe que a los T-Rex les gusta darse grandes festines con nuestras ancas de rana –Respondió Rana.
  • ¡Pero yo soy diferente!
  • Demuéstramelo –Dijo Rana en tono exigente.

Tras aquellas palabras Rexy decidió llevar a la pequeña rana bajo la sombra de un árbol, que tenía a un lado un precioso estanque. Rexy pensó que la ranita podría refrescarse y darse allí un agradable baño que la recuperara del susto, y en aquel mismo lugar decidió contarle algunas cosas de su vida. Le contó, por ejemplo, que no era el T-Rex más popular de todos y que no tenía muchos amigos; que él prefería comer algodón de azúcar antes que comer cualquier otra cosa y prefería cantar o hacer trucos de magia a asustar a los demás.

  • Cuando sea mayor voy a ser el mejor mago de la historia –Dijo Rexy muy emocionado mientras sacaba una de sus cartas mágicas y hacía reír a Rana por no haber hecho el truco demasiado bien.
  • Yo tampoco tengo muchos amigos. En la escuela me dicen que soy muy ruidosa incluso para ser una rana –Comentó la ranita un poco avergonzada.
  • Tranquila, eso significa que somos diferentes y que podremos ser muy buenos amigos–Dijo Rexy muy contento con la idea de tener una buena amistad.

Rana comprendió en aquel instante que Rexy sí era diferente, lo cual la hacía muy feliz porque ella tampoco era como las otras ranas. Y desde aquel día decidieron estar siempre juntos y vivir mil y una aventuras. Como la del día en que conocieron a un diplodocus de cuello corto o a un pterodáctilo que no sabía volar. ¡Había más seres en el mundo diferentes como ellos!

Desde que todos se conocieron no hubo un día en el que Rexy, Rana y los demás pasaran un mal rato, ni siquiera cuando Rexy se equivocaba y terminaba haciendo mal sus divertidos trucos de magia. Todos lo pasaban bien tocando música, jugando al escondite o a cualquier cosa que se les ocurriera, riendo y disfrutando como los grandes amigos que eran.

¿Quieres conocerlos a todos? ¡No te pierdas la canción!

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