Cuento de hadas: El hada que no quería madrugar

Cuento de hadas: El hada que no quería madrugar

Cuento de hadas: El hada que no quería madrugar

El hada que no quería madrugar

 

A muchos niños no les gusta levantarse temprano porque les gusta mucho dormir o porque se desvelan la noche anterior jugando. Todo esto hace que muchas veces lleguen tarde a la escuela, que tengan menos tiempo para hacer sus tareas diarias o que estén más cansados y tengan menos tiempo para jugar.

Pero ojo, que los niños no son los únicos a los que no les gusta levantarse temprano, y existen muchas hadas que son muy perezosas también y que adoran dormir hasta tarde, ¡llegando a despertarse a veces en pleno mediodía! Por supuesto, con muy poco tiempo ya para hacer todas sus actividades mágicas.

Juana era una de esas hadas perezosas a las que no les gusta para nada levantarse temprano, pero había una razón: a Juana no le gustaba irse a dormir ni levantarse temprano porque pensaba que quienes lo hacían eran unos aburridos y perdían mucho el tiempo. Juana estaba convencida de que la noche era mucho más divertida que el día, y por eso prefería estar despierta jugando con su magia, leyendo libros, o simplemente viendo la televisión…por eso el hada siempre se acostaba a altas horas de la noche y se despertaba muchas veces tarde.

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Un día el consejo de las hadas, viendo que Juana no estaba cumpliendo con sus deberes de hada por levantarse tan tarde, decidió por unanimidad colocarle una tarea que le obligase a levantarse temprano, y le asignaron finalmente la importante responsabilidad de despertar a las flores del bosque.

Cuando Juana se enteró de la actividad que le habían asignado se molestó mucho. Ella no quería tener que levantarse temprano para cuidar nada, prefería seguir acostándose tarde y durmiendo a sus anchas. Y tanto fue así que el primer día de trabajo Juana, muy enfadada, se fue a dormir mucho más tarde que de costumbre. Pero la consecuencia de hacerlo fue grave, pues por culpa de su irresponsabilidad las flores estuvieron a punto de no despertar aquel día. ¡Menos mal que no ocurrió! Gracias, eso sí, a una de las hadas más mayores, que ni corta ni perezosa se presentó en casa de Juana para despertarla y que se encargara de su labor. De esta forma el hada Juana no tuvo otro remedio que levantarse e ir a cumplir con su cometido, aunque fuese con muy pocas horas de sueño y casi ni pudiera darse cuenta de lo que hacía.

Tan cansada se sintió ese día que se quedó dormida muy temprano, cuando el sol aún ni siquiera se había ocultado. Lo bueno es que aquella noche durmió muy bien y pudo sentirse mucho más descansada al día siguiente. Así, y antes incluso de que amaneciera, Juana (sin ayuda de nadie) despertó, y sin darse cuenta de la hora se preparó para cumplir con su trabajo de despertar a las flores un día más.

Juana no podía creer lo que veía mientras salía de casa: un hermoso amanecer, con el sol saliendo desde el horizonte y bañando todo de color oro, en un espectáculo hermoso que al parecer estaba reservado solo para aquellos que se levantaban temprano. Pero lo mejor sucedió cuando Juana, ya completamente despierta, despertó a las flores del bosque de las hadas. Aquello sí era un auténtico espectáculo de olores y colores, acompañado de todas las sonrisas y los buenos días que de parte de las flores el hada perezosa recibió. ¡Y Juana sintió tanta ternura que creyó derretirse! De hecho, le pareció todo tan bonito que pensó que ya no quería levantarse tarde nunca más y que a partir de entonces comenzaría a costarse un poquito más temprano.

Así que aquel fue el día en el que Juana tomó la importante decisión de acostarse y levantarse temprano, porque había podido darse cuenta de que muchas de las cosas más bonitas del mundo sucedían pronto, y que el hecho de acostarse antes le permitía estar más descansada y atenta a todos los detalles de la vida. No importa que ella necesitase un poco de ayuda para despertarse, porque hasta las flores más bonitas eran despertadas por otros; lo importante de verdad era despertar y disfrutar de lo que nos ofrece el día al máximo.

Y gracias a aquella decisión el consejo de las hadas no volvió a regañar a Juana nunca más y, durante años, la joven hada cumplió con su labor con la mejor de las actitudes posible.

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