Cuentos de miedo: La casa del terror | Bosque de Fantasías

La casa del terror

La casa del terror

Cuentos de miedo: La casa del terror

 

Pablo era un niño muy miedoso que por la noche no podía dormir totalmente a oscuras, y cuando salía a la calle temía que las personas extrañas le hablaran. No es que fuese un cobarde, lo que sucedía era que tenía mucho cuidado y se preocupaba demasiado por todo, sobre todo porque sus papás le recordaban continuamente que el mundo estaba lleno de muchas cosas misteriosas. Así que el pequeño Pablo se imaginaba cada vez que escuchaba aquello un montón de duendes verdes, hadas mágicas y hasta señores con bastones largos y arrugados caminando por ahí, “¡por eso siempre hay que ir atento a las cosas que pasan a nuestro alrededor!”, se decía.

Sin embargo, y a pesar de ser un niño tan precavido, hubo un día muy especial en el que Pablo sí que fue el niño más valiente del mundo. Todo ocurrió en las vacaciones de verano, cuando papá y mamá llevaron a Pablo y a sus amigos al parque de atracciones, donde subieron a toda clase de sitios emocionantes. Pero al caer el día y llegar la noche, todos juntos tuvieron una idea que asustó mucho al Pablo:

  • Vamos a la casa del terror –Propuso Antonio, el más valiente de todos los niños.
  • He escuchado que los verdaderos fantasmas viven en esos sitios–Comentó José, un poco asustado.
  • Pues yo he escuchado que aprovechan la oscuridad y se llevan a los niños –dijo Pablo aterrado, – yo no quiero que me lleven, así que mejor vamos a otro sitio.
  • Bah, esas cosas no son de verdad, Pablo –concluyó Antonio–, así que vamos, y lo haremos todos juntos.

A pesar de las insistencias de Pablo, en un par de minutos llegaron todos juntos hasta la entrada de la casa del terror. Mamá y papá esperaban a todos en la salida, por lo que no iba a poder darles siquiera la mano. Pablo sintió entonces que se moría de miedo, pero tras respirar profundamente se dejó llevar y entró en la casa del terror siguiendo al resto de sus amigos, que parecían realmente emocionados por estar allí y por descubrir los misterios que pudiera haber tras aquellas paredes.

Dentro de la casa del terror todo estaba oscuro, y una música escalofriante sonaba bajito acompañando a la neblina, que hacía que todo pareciera mucho más tenebroso. Poco a poco, mientras avanzaban, el resto del grupo (los amigos “valientes” de Pablo) comenzaron a sentir miedo también, por lo que todos se agarraron de las manos y caminaron lentamente mirando de forma constante a su alrededor con mucho temor. Entonces… “¡Muajajaja!”, la risa de una bruja salió de la nada sobresaltando a todos los niños que dieron gritos de terror y comenzaron a correr para poder escapar.

  •  ¡Voy a comeros a todos! –Dijo a continuación un hombre terrorífico que parecía salir de la nada.

Pablo y sus amigos corrieron sin parar, pero no conseguían encontrar la salida de la casa de terror. Se encontraban perdidos en aquel lugar tenebroso con los padres de Pablo fuera, y eso les hizo sentirse más asustados. Ante aquella desesperación Antonio y José comenzaron a llorar, pero Pablo intentó mantener la calma y quiso ser valiente para enfrentar la situación y tranquilizar a sus amigos.

  • No lloréis, porque no nos pasará nada –dijo Pablo muy seguro, – vamos a salir de aquí, pero tendremos que movernos rápido. Cogeos todos de la mano, que yo os guiaré.

De inmediato los amigos se cogieron de las manos y siguieron a Pablo. Pasaron entonces por un pasillo muy largo y negro, donde otra bruja salió de la nada riéndose a carcajada limpia, pero Pablo la ignoró y siguió con paso firme. Entonces a lo lejos vieron la luz de la salida y pudieron abandonar al fin la casa del terror. En la puerta se encontraban los padres de Pablo, y todos, muy emocionados al verles, se agarraron a ellos en un fuerte abrazo.

  • ¡Habéis sido muy valientes al entrar en la casa del terror! –dijo la mamá de Pablo orgullosa. – Yo ni siquiera me atrevo a entrar porque me da mucho miedo.

Y tras aquellas palabras los niños se miraron y sonrieron orgullosos. Quizá no había sido para tanto, pues sabían que todo era un espectáculo… ¿O quizá no, y habían conseguido escapar de auténticos fantasmas de verdad? Bueno, el caso es que nunca lo sabrían porque no pensaban volver ni tampoco pensaban decirle a nadie que en realidad sí habían pasado miedo. Era su nuevo gran secreto. Al fin y al cabo ser valiente no se trata de no sentir miedo, sino de sentirlo y aun así lograr enfrentarse a las cosas… ¡O al menos eso decía el papá de Pablo!

 

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