Cuentos navideños: Una Navidad para todos | Bosque de Fantasías

Una Navidad para todos

Una Navidad para todos

Cuentos navideños: Una Navidad para todos

 

La época navideña es la más bonita de todo el mundo. Las casas se llenan de adornos coloridos, de luces tintineantes y de árboles hermosos. En las chimeneas se cuelgan calcetines navideños para ser llenados de dulces, y cuando llega el día de Navidad el árbol se llena también de regalos envueltos en papeles muy bonitos y brillantes, con lazos enormes. Sin duda es la época más emocionante y feliz, o al menos eso pensaba Pablo desde que era muy pequeñito.

Cuando llegaba el primer día de diciembre se despertaba emocionado, y mientras cepillaba sus dientes de arriba a abajo bailaba cantando canciones navideñas frente al espejo del baño. Pablo amaba mucho la Navidad porque todos siempre parecían felices mientras cantaban villancicos, además, sus abuelos, tíos y primos venían a casa a celebrar las fiestas y era fabuloso. Pablo amaba mucho a su familia porque eran buenos y muy cariñosos con él.

Pero un año, esperando con ansiedad la llegada de aquellos días tan mágicos, Pablo descubrió mirando la televisión que algunos niños no tenían navidades alegres como las tenía él, y se sintió muy mal por ello. Estaba decidido a hacer algo para que esos otros niños se dieran cuenta de que la Navidad era la mejor época del año, así que decidió hablar con papá, con mamá y con su hermano mayor John:

  • Quiero hablar con vosotros. –Dijo Pablo con aire maduro y serio – Hoy me he enterado de que hay niños en el mundo que no lo pasan tan bien en Navidad como nosotros y eso no está bien. Por eso he pensado que podemos hacer algo para cambiar eso y necesito la ayuda de todos para lograrlo.

Mamá, papá y John se quedaron muy sorprendidos ante las palabras de Pablo, pero sin dudar aceptaron ser parte de aquella misteriosa misión. Todos estuvieron de acuerdo en ayudar y el pequeño Pablo propuso a la maestra de su escuela hacer una gran fiesta en la que pudieran venir todos los niños que lo desearan y hacer grandes rifas para que todos los invitados pudieran tener su regalo. Todos los compañeros de Pablo hicieron bonitos carteles para adornar la escuela y todos los padres participaron también llevando platos caseros y juguetes para la rifa.

Todos trabajaron duramente y, cuando llegó el día, Pablo y el resto de niños fueron muy felices jugando y bailando con tantos amiguitos nuevos. Todos se lo pasaron bien, tuvieron bonitos regalos, rieron a carcajadas…los más grandes corrían de un lado otro y algunos cantaban villancicos. Fue una noche absolutamente mágica, digna de las mejores navidades, e hizo que Pablo volviese muy contento y satisfecho a casa.

  • Soy muy afortunado de tener una familia tan buena. Gracias por ayudarme y hacer felices a otros niños también. – Dijo Pablo emocionado- ¡Esta ha sido la mejor Navidad de todas!

Todos se abrazaron felices y Pablo supo (como ya imaginaba), que lo mejor de la Navidad no eran los regalos, los villancicos o la decoración, sino el hecho de poder compartir el tiempo con otros y dar lo mejor de uno mismo a los demás.

¡Feliz Navidad!

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