CUENTO DE SIRENAS: La sirena Clara visita la playa

La sirena Clara visita la playa

La sirena Clara visita la playa

La sirena Clara visita la playa

 

Ser una sirena es una actividad a tiempo completo porque siempre hay algo que hacer en el fondo del océano, ya sea divertirse con los peces, nadar hacia las profundidades, cantar hermosas canciones o limpiar toda la basura que los humanos dejan caer.

Clara, una sirena muy joven, estaba cansada de limpiar toda esa basura que caía al fondo.

—No es justo… siempre estamos limpiando y limpiando pero siempre hay más y más basura. —Decía molesta.

Pero ni las otras sirenas ni los tritones le prestaban atención, solo se ocupaban de sus actividades cotidianas, divirtiéndose y limpiando cuando era momento de hacerlo. Pero a la pequeña Clara le parecía que no tenía ningún sentido limpiar si todos los días los humanos arrojaban basura al agua, ensuciando la que era su casa.

Así que un día, sin pedir permiso, decidió subir hasta la superficie para hablar con los humanos y decirles que no estaba bien que arrojaran basura a su casa. Sin embargo, cuando asomó la cabeza fuera del agua, no se encontró con muchos humanos, tal y como esperaba, sino con un niño que caminaba solitario por la playa. Estuvo a punto de marcharse, hasta que vio que el niño se comía una chocolatina y lanzaba el envoltorio a la arena:

— ¡Oye, tú! —Gritó Clara.

Entonces el niño miró hacia los lados esperando encontrar a la persona que le había hablado.

— ¡Aquí, en el agua! —Volvió a gritar Clara.

La sirena Clara visita la playa

Entonces el niño dirigió su mirada al agua y pudo ver a la sirena con su cabello color rojizo y sus grandes ojos oscuros, que se encontraba cerca de la playa y parecía estar muy molesta:

—Ho… Hola… ¿Quién eres? —Preguntó el pequeño, que se llamaba Patricio.

—Yo soy Clara, la sirena. ¡Y tú estás ensuciando mi hogar y no me gusta nada!

El niño miró hacia los lados para ver bien el mar esperando encontrarse con alguna casa de sirena, pero solo veía la playa vacía y el agua que traían las pequeñas olas.

—Pero yo no estoy en tu casa, yo estoy en la playa… —Respondió el niño.

—Pues la playa y el mar son mi hogar, de todas las sirenas y de muchos animales también, y esas chocolatinas que lanzas ensucian nuestra casa. Aunque creas que lo dejas en el suelo de arena, la marea más tarde se lo traga y nos lo trae a nosotros. A ti no te gustaría que alguien lanzara envoltorios de chocolatinas a tu casa, ¿verdad? Pues entonces… ¿por qué lo haces la mía?

—Es que no sabía que era tu hogar… —respondió Patricio un poco entristecido.

Entonces Clara le explicó al pequeño que ser sirena era muy divertido, pero que estaba cansada de limpiar y limpiar y limpiar toda la basura que llegaba al mar. Que no era justo y que los humanos debían cuidar más el agua, porque es un lugar muy bonito lleno de peces y grandes misterios que se puede echar a perder.

—Creo que sé cómo te sientes —dijo después el niño—, porque también me molesta mucho cuando me toca fregar a veces los platos para ayudar en casa y, cuando estoy a punto de terminar, me ponen más y más y más… y nunca se termina.

Entonces el muchacho recogió el envoltorio de la chocolatina y le prometió a Clara que nunca, nunca más dejaría las chocolatinas en el suelo. Y también prometió visitar la playa siempre que pudiera para ayudar a limpiarla:

—Y siempre que vea a alguien dejando basura le hablaré de cómo está ensuciando la casa de las sirenas, y que deje de ser tan malo. —Dijo Patricio antes de que Clara volviera a las profundidades.

Desde entonces la joven sirena y el muchacho son buenos amigos y, siempre que Patricio va a la playa a limpiarla se encuentra con Clara y hablan entre los dos de cómo son de diferentes los mundos en los que viven. Y se sienten muy felices por haberse conocido el uno al otro y es que, a fin de cuentas, un amigo puede encontrarse en cualquier parte y una gran enseñanza puede llegar también cuando menos te lo esperes.

 

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