La abeja y la paloma

La abeja y la paloma

Fábula: La abeja y la paloma

 

Érase una vez una paloma que se encontraba volando por las cercanías de un bosque. La paloma disfrutaba mucho de aquel lugar y de poder volar libremente, pues todo era hermoso y estaba lleno de grandes árboles, bonitas flores y ríos frescos y cristalinos. Todo era perfecto en ese bosque, y por eso la paloma se sentía muy a gusto en aquel lugar.

Pero un día la tranquilidad se rompió…Sucedió que la paloma se encontraba volando en las cercanías del río, cuando de pronto escuchó que alguien gritaba pidiendo auxilio:

—¡Socorro! ¡Socorro! ¡Que me ahogo, que me ahogo! —Gritaba la voz.

Al escuchar esto la paloma se precipitó hacia el lugar de donde procedía el sonido, pero no veía a nadie que se estuviera ahogando. Estuvo a punto de irse, pero seguía escuchando los gritos que pedían auxilio y se sentía incapaz de ignorarlos. Cuando descendió un poco más hacia el río, la paloma se dio cuenta de que se trataba de una pequeña abejita, casi diminuta, que se estaba ahogando.

 

Fábula La abeja y la paloma

 

Sin más dilación, la paloma cortó una flor y, sosteniéndola por el pico, la colocó cerca de donde estaba la abeja para que esta pudiese sujetarse aunque fuese de sus frágiles pétalos. Y así lo hizo, y de esta forma la abejita se salvó:

—Muchas gracias, muchas gracias —le decía la abejita— ¡Siempre estaré agradecida contigo porque me has salvado la vida!

—No te preocupes, no es necesario que me devuelvas el favor —le respondió la paloma, pensando que nunca llegaría a necesitar ningún favor de alguien tan débil e insignificante como ella.

Así, un tiempo después, la paloma se encontraba un día volando por los alrededores del bosque, como siempre solía hacer. Y, estaba tan embelesada con la belleza de la naturaleza, que no escuchó los disparos que un cazador se puso a lanzar en aquel mismo bosque. La paloma solo volaba y volaba de un lado a otro, disfrutando de la vida. Fue entonces cuando, a lo lejos, el cazador divisó a la paloma y se propuso a sí mismo que la llevaría a su casa para la cena.

Muy tarde se dio cuenta la paloma del peligro que corría, por lo que no pudo huir volando a tiempo. Pero, para su suerte, la abeja que había salvado tiempo atrás (y que siempre se encontraba a escondidas cerca de ella), pudo ser testigo de la situación y, con su afilado aguijón, ni corta ni perezosa picó en la mano al cazador. Al sentir el pinchazo, el cazador no pudo disparar y tuvo que soltar el arma, pues la mano le dolía tantísimo que no la podía mover bien.

 

La abeja y la paloma fábula

 

Dándose cuenta de lo que había sucedido, la paloma le agradeció a la abeja que se hubiera acercado, pues le había devuelto el favor salvando su vida.

—No tienes que agradecerme. Ya una vez me salvaste la vida, y yo he hecho por ti lo mismo que tú hiciste entonces por mí.

En ese momento la paloma entendió que, aunque había pensado que nunca necesitaría nada de aquella pequeña abeja, esta le había salvado cuando su vida corría peligro.

La moraleja de esta fábula, amiguitos, es que debemos hacer por otros lo que nos gustaría que hicieran por nosotros. Es decir, que debes tratar a los demás como te gustaría que te trataran a ti, pues nunca sabes quién te puede ayudar en el momento que más lo necesites.


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