Leyenda corta navideña de Bután: El buey Hermoso

El buey Hermoso

El buey Hermoso

Leyenda de Bután: El buey Hermoso

 

Érase una vez un buey trabajador que vivía cerca de Belén, cuyo nombre era «Hermoso». Como el buey Hermoso era muy especial, su amo, que era un granjero también muy trabajador, le quería y le cuidaba mucho.

Su amo era tan bueno, que el buey siempre daba lo mejor de sí: araba, tiraba del carro, cargaba mucho peso…, y nunca se cansaba. Y el amo, por su parte, estaba muy feliz de tenerle, por lo que no dudaba en presumir de Hermoso ante los demás. Sin embargo, el amo de Hermoso ocultaba una tristeza muy grande, y es que tenía una enorme deuda con otro granjero de la zona. Entonces, cuando Hermoso se enteró de la deuda que tenía su amo, quiso ayudarle sin dudar, así que le propuso que hiciera una apuesta con el otro granjero:

—Dile que yo soy capaz de tirar de cien carros de heno llenos hasta el tope. Él no lo creerá, así que apuéstate que, si logro hacerlo, te perdone la deuda.

 

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El amo del buey Hermoso estaba muy emocionado. ¡Por fin lograría deshacerse de aquella horrible deuda que le agobiaba día y noche! Hermoso, por su parte, prometió que lograría hacerlo, aunque no era cosa sencilla. Pero cuando llegó el momento de la verdad y Hermoso tuvo que tirar de los cien carros llenos, sucedió algo insólito hasta entonces: su amo empezó a tratarle muy mal, como nunca lo había hecho, dándole latigazos y gritándole: «¡Venga, holgazán! ¡Tira de los carros!»

Con el corazón roto, dolido y humillado, Hermoso se sentó en el suelo negándose a mover los cien carros. Su amo siguió dándole latigazos y gritándole, pero era inútil, pues Hermoso había decidido no moverse. De esta forma, el granjero perdió la apuesta y su deuda se mantuvo intacta.

Al volver a casa, el granjero le preguntó a Hermoso por qué se había negado a mover los carros, si se había comprometido a ayudarle para saldar su deuda con el otro granjero:

—Porque me trataste muy mal, como nunca me has tratado —respondió Hermoso—, y yo estaba dispuesto a ayudarte porque siempre has sido muy bueno conmigo.

Dándose cuenta de que había obrado mal, el granjero pidió perdón al buey arrepintiéndose de todo corazón por haberle hecho sufrir aquella humillación. Tan arrepentido estaba, que Hermoso logró perdonarle y le propuso que hicieran de nuevo la apuesta. Esta vez el otro granjero aceptó mucho más rápido, dado que estaba completamente seguro de que el amo de Hermoso volvería a perder, por lo que solo quería humillarle. Pero esta vez Hermoso logró cargar con los cien carros y la deuda quedó perdonada.

Después de aquel episodio ambos vivieron muy bien durante años, trabajando la tierra y ahorrando siempre todo lo que se podía. Así, cuando el granjero ya estaba viejo y cansado de trabajar la tierra, se mudó junto con Hermoso y otros animales a Belén. En aquel sitio puso una humilde posada con un pesebre al lado, solo para que Hermoso pudiese al fin descansar como se merecía.

Tiempo después, en la noche del 24 de diciembre, el granjero recibió una visita muy especial. Se trataba de un carpintero y de su esposa, que estaba embarazada. Ambos venían desde muy lejos, desde Nazaret, en Galilea, y buscaban un lugar en el que poder refugiarse hasta que naciera el niño.

 

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Al ser una pequeña y humilde posada, el único espacio libre que había era el pesebre en el que Hermoso dormía, y fue así cómo, el buey de nuestra historia, tan bonito y tan trabajador como era, fue testigo del nacimiento del niño Jesús, que vino a este mundo en el mismo pesebre en el que él dormía.

 


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