El koala y el emú | Leyenda australiana para niños

El koala y el emú

El koala y el emú

Cuenta una antigua leyenda australiana que la tierra, hace millones de años, estaba habitada únicamente por animales. Durante aquel tiempo todos los animales vivían despreocupados y felices, y nadie se quejaba porque había mucha comida y cada cual podía habitar donde mejor le pareciera.

Pero un día sucedió, de manera repentina, que los animales empezaron a discutir entre sí. Nadie recuerda como comenzó aquello pero, en poco tiempo, todos los animales peleaban entre ellos por los temas más tontos que podía haber… ¡qué bronca montaron! Y aquella discusión se extendió tanto que, a unos les dolía la boca de tanto hablar, otros perdieron la voz al gritar…, e incluso algunos se quedaron dormidos, cansados de tanto discutir.

 

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Con el paso del tiempo, aquel malestar hizo que los animales se dieran cuenta de que las discusiones y los conflictos no llevan a ninguna parte. Además, ni siquiera recordaban por qué habían comenzado a discutir, lo cual demostraba aún más si cabe el sinsentido de todo. Así las cosas, intentaron comportarse de forma distinta y con mejores maneras, con conversaciones calmadas y acuerdos, ¡y así todo volvió a ser como antes!

Bueno, vale…, no todo. Porque aunque la gran mayoría de animales hicieron un gran esfuerzo por arreglar sus diferencias, hubo una especie de animal que prefería que las cosas se quedaran como estaban. Se trataba del emú, un ave de Australia que es parecida al avestruz. El caso es que el emú no quería hacer las paces con nadie tras aquella pelea, pues pensaba que era superior al resto de los animales. Así, un día se encontraba un koala masticando su comida favorita, una deliciosa hoja de eucalipto con mucha calma y tranquilidad, cuando el emú se topó con él. Al verlo tan a gusto, el emú se sintió molesto, por lo que se acercó para decirle lo que pensaba:

—Al aparecer los animales comienzan a llevarse bien de nuevo, pero yo creo que solo es cuestión de tiempo que todos vuelvan a discutir. Por eso alguien debería tomar el mando, para asegurarse de que esto no vuelva a suceder. Debería haber líderes que sepan mandar sobre el resto de los animales del mundo, y yo sé quiénes deberían ser esos líderes… ¡las aves! ¡Nosotras deberíamos gobernar a los demás animales!

El koala, que era muy lento para hacer las cosas, tardó en tragar la hoja que se estaba comiendo para responder y, cuando lo hizo, dijo con calma:

—¿Y eso por qué?

—¡Pues es obvio! —Respondió rápido el emú— Nosotras, las aves, somos los animales más rápidos y hermosos que hay, y podemos volar y también nadar; podemos cazar y podemos recolectar frutas… ¡Podemos hacer lo que sea! Y por eso deberíamos ser quienes gobernemos el reino animal.

—Pues yo pienso que…

—¡Y si hay algún ave que debiera gobernar sobre todas las demás, esa somos nosotros, los emúes! —Dijo el emú ufano, interrumpiendo al koala— ¡No hay otro animal como el emú!

Entonces el emú, que estaba muy lleno de orgullo y de vanidad, empezó a inflarse como un globo y creció y creció sin poder controlarse. Y cuando dejó de crecer, su cuerpo era tan grande que no podía manejarlo, y ya no se veía un ave tan hermosa y grácil como solía ser. Tras esto, y sin que el koala tuviera tiempo de decir palabra alguna, el emú se fue corriendo lejos de allí, llorando durante todo el camino, y lo peor es que ya nunca volvió a su tamaño original.

Por eso cuenta la leyenda que los emúes siempre intentan volar, pero nunca podrán hacerlo por más que lo intenten, pues esa fue la lección que debieron aprender por haber abusado del orgullo y de la vanidad. Los koalas, en cambio, continúan viviendo como antaño, felices y agarrados a las copas de los árboles, llevando una vida tranquila y sin molestar a nadie.

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