La mariposa azul

La mariposa azul

La mariposa azul

 

Los sabios japoneses cuentan la leyenda de un hombre que se quedó viudo y tuvo que hacerse cargo de sus dos hijas pequeñas.

Esto no era una tarea fácil, pues sus dos hijas eran muy curiosas y siempre le estaban preguntando sobre esto y sobre aquello.

El hombre intentaba responder a las preguntas de sus hijas de la mejor forma posible, pero no siempre lograba hacerlo. Siendo él un campesino con escasos estudios, no podía responder a todas las dudas que tenían sus curiosas hijas.

Es por eso que decidió enviarlas a vivir con un viejo sabio, que vivía en una montaña, y del cual se rumoreaba que conocía todos los secretos del universo.

 

mariposa azul leyenda

 

Estando en compañía del viejo sabio, las niñas aprendieron mucho. El anciano siempre tenía una respuesta para cualquier pregunta y no dudaba en dar solución a los problemas más complejos.

Esto hizo que las niñas quisieran saber cuál era el alcance de la sabiduría del anciano:

—Estoy segura de que el anciano no lo sabe todo. Nadie puede conocer todos los secretos del universo —dijo la mayor de las niñas.

Y entonces las dos se pusieron a pensar en una pregunta que el anciano sabio no pudiera responder para dejarle en evidencia y demostrar que no lo sabría todo. Pero pasaron los días y a ninguna de las dos hermanas se le ocurría ninguna idea.

Así hasta que una tarde, mientras caminaban por la montaña, a la mayor de las niñas se le ocurrió una idea. Entonces se internó entre el césped, que era muy alto por aquella zona, y cuando volvió tenía algo oculto dentro de su delantal.

 

 

—Ya sé cómo vamos a demostrar que el anciano no lo sabe todo —dijo la mayor de las niñas.

— ¿Y cómo vamos a hacerlo? —Preguntó la menor.

Para responder, la mayor de las niñas dejó ver a su hermana lo que tenía escondido en el delantal: se trataba de una hermosa mariposa azul cuyas alas brillaban como la luz de sol.

—Esconderé esta mariposa en mi mano y le preguntaré al anciano si la mariposa está viva. Si me responde que está muerta, entonces todo lo que tengo que hacer es abrir la palma de mi mano y dejar que la mariposa vuele. Y en caso de que me diga que la mariposa está viva, entonces la aplastaré antes de que él se dé cuenta. De esta forma, sin importar la respuesta que me dé, el anciano estará equivocado.

La menor asintió ante el plan de su hermana y ambas se dirigieron hacia donde se encontraba el sabio. Este estaba sentado, meditando en la cima de la montaña, cuando aparecieron las dos niñas.

La mayor de las niñas le mostró su mano al sabio diciéndole que ahí tenía una mariposa.

—Sabio, tenemos una pregunta que hacerle… ¿puede decirnos si la mariposa que está en mi mano está viva o está muerta?

El sabio, sin pensárselo mucho, le respondió con una sonrisa:

—Eso depende de ti, pues la mariposa está en tus manos.

Cuentan los sabios japoneses que las niñas, tras esta respuesta, no volvieron a intentar engañar al sabio. Además, agradecieron mucho la respuesta que les había dado, pues no solo era una lección de humildad, sino también un valioso mensaje sobre el destino y sobre como muchas veces se encuentra en nuestras manos.


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