LEYENDA MEXICANA: El nacimiento del sol y la luna

El nacimiento del sol y la luna

El nacimiento del sol y la luna

El nacimiento del sol y la luna (leyenda latina)

 

Dicen los mexicas que hubo un momento en la creación del mundo en el que todo estaba siempre en tinieblas y la tierra no era más que oscuridad. Muchas veces se intentó encontrar una forma de iluminar la tierra, pero cada vez que se intentaba se terminaba por fracasar, y todo volvía a quedar a oscuras de nuevo.

Cuenta la leyenda que los dioses más poderosos se reunieron para discutir qué debían hacer, y así fue como se dieron cuenta de que debía haber un Sol, que brillara siempre en lo alto iluminando todo lo que los dioses habían creado.

Sin embargo, si querían que el Sol siempre permaneciera brillando sobre el cielo, este no podía ser un simple fuego, porque entonces se apagaría. El Sol debía estar vivo para que su llama siempre se mantuviera encendida.

Fue de esta forma en la que los dioses más importantes se reunieron en Teotihuacán, que era una ciudad sagrada, y encendieron una gran hoguera con un fuego mágico que convertiría en Sol a cualquiera que se bañase en sus llamas.

 

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La prueba definitiva para convertirse en el Sol requería de mucha valentía, pues quien quisiera serlo debía saltar sobre el fuego de la hoguera. Es por esto que los dioses tuvieron que esperar un largo rato para encontrar candidatos. Y justo entonces se presentaron dos posibles candidatos para convertirse en el Sol.

El primero de los candidatos se llamaba Tecciztécatl, pero todos le decían Tecci. Tecci tenía una piel suave y brillante, de una belleza sin igual. Los dioses estaban muy complacidos con su presencia y su forma de hablar, tan refinada.

—¡Yo seré el Sol, nadie más que yo puede serlo! —Decía Tecci.

Y mientras hablaba y adulaba a los dioses, también les hacía hermosos obsequios, pues era muy rico. Y nadie dudaba de que Tecci se convertiría en el Sol.

Sin embargo, también había otro candidato llamado Nanahuatzin, a quien todos llamaban Nana.

Nana era de origen humilde, así que no sabía hablar de forma refinada como Tecci, ni tampoco era de buen ver, pues tenía la piel llena de ronchas y heridas porque trabajaba de forma muy ardua.

—No tengo nada que ofrecerles, más que mi corazón y los deseos que tengo de ser el Sol… —Dijo Nana a los dioses.

Y tras aquellas palabras Tecci soltó una carcajada.

—¡Nadie más que yo podrá ser el Sol! —Volvió a decir Tecci.

No obstante, cuando fue el turno de Tecci de saltar sobre la hoguera, se acobardó en el último momento y no saltó.

No sucedió lo mismo con Nana, que haciendo gala de todo su valor, saltó sobre la hoguera sin pensarlo dos veces. Y tras hacerlo emergió de las llamas, convertido en el brillante y hermoso Sol.

Esto hizo enojar mucho a Tecci, que al ver a Nana convertido en el Sol se llenó de celos, por lo que finalmente saltó también sobre la hoguera convirtiéndose también en un Sol. Ambos brillaban con fuerza sobre el firmamento, durante un tiempo.

Cuenta la leyenda que los dioses estuvieron muy contentos con la valentía y la humildad de Nana, y que por eso le permitieron ser el gran Sol que iluminara todas las cosas. Por el contrario, Tecci merecía un castigo por sus celos y su cobardía, por lo que le mandaron un conejo para que le hiciera sombra y perdiera parte de su luz, como recuerdo de su mal proceder. Y de esta forma fue como Tecci  pasó a convertirse en la Luna.

Y lo cierto es que, aun hoy en día, niños, durante algunas noches, puede verse en la Luna la forma de un travieso conejo.

 

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