Cuento: Un ser muy especial | Colaboración de Alberto Penelas Jiménez

Cuento: Un ser muy especial

Cuento: Un ser muy especial

Os dejamos con un nuevo y precioso cuento de Alberto Penelas Jiménez,  dedicado con mucho cariño a su hijo Adrián de manera muy especial, y también a una amiga que está muy lejos en la distancia pero muy cerca en el alma.

 

Cuento infantil: Un ser muy especial

Había una pequeña niña que vivía junto a sus padres en una cabaña en las profundidades de un bosque. Esa niña era muy especial, su madre lo sabía y se volcaba en darle cariño y protección haciendo las veces de ambos progenitores, puesto que su padre que era leñador, no estaba en todo el día en casa y cuando llegaba no mostraba interés en la pequeña.

La niña, que se llamaba Andrea, tenía 6 años, era pequeñita y débil, de piel morena y con unos grandes ojos color aceituna; era una niña tímida y callada, a la que le gustaba escuchar los cuentos que su madre inventaba para ella. Sin embargo, cuando se adentraba en el bosque su actitud cambiaba e imaginaba hablar con los árboles y las plantas, con los pájaros y las ardillas…era en ese preciso instante cuando su soledad se diluía de manera inmediata.

Sofia, que así se llamaba su madre, pensaba en más de una ocasión que aunque su hija era feliz en medio de la naturaleza a lo mejor no era lo más correcto para una niña, puesto que no podía jugar con otros niños de su edad al vivir muy alejados del poblado más cercano.

Un día, cuando Andrea tenía la temprana edad de 10 años, su padre las abandonó a las dos y ellas empezaron a vivir de lo que el bosque les proporcionaba. Por aquel entonces, Sofia no se daba cuenta de que su hija había empezado a comunicarse de una manera especial con todos los habitantes de ese mágico bosque.

Al cabo del tiempo, vio como su hija hablaba con unas ardillas y pensó que su pobre hija se había vuelto loca… eso la entristeció en demasía. Sin embargo, al rato observó cómo las ardillas le traían los frutos que ella le había pedido a su hija. Definitivamente esa pequeña suya era un ángel, un regalo de Dios.

A finales de un crudo invierno, cuando Andrea era una bella jovencita, su madre dejó de existir, y desde ese día ella se puso muy triste. Y al mismo tiempo que ella entristecía el bosque moría, el río desaparecía, los árboles y plantas se secaban y, por ende, los animales huían hacia otro lugar donde poder vivir.

Andrea estaba cada vez más débil y se consumía con el paso del tiempo. Pero entonces, una mariquita se le acercó y le dijo:

  • Niña bonita, comprendo que te invada una profunda melancolía, pero perdiste la noción de por qué viniste aquí, a este bosque tan bonito del que ya no queda nada. Perdiste a tu ser más querido, pero no comprendes que si tú nos abandonas, todo el bosque que te ama desaparecerá contigo. Somos felices porque eres el ser humano más bondadoso y generoso de todo el planeta y tenemos la suerte de que estés a nuestro lado.

La joven, al oír estas palabras de la mariquita, entristeció más y se dio cuenta de que se había olvidado de todos los demás seres a los que amaba y por los que era correspondida. Andrea empezó a llorar sin parar y de esas lágrimas que brotaban de sus ojos y corrían por sus lindas mejillas empezó a surgir un mágico río que cruzó todo el bosque. Al mismo tiempo que éste se iba formando, los árboles y plantas mustios empezaron otra vez a renacer con el albor de la primavera. Los animales también comenzaron a llegar, justo en el preciso momento en que la joven  levantó su mirada y vio como todos ellos se reunían a su alrededor para darle las gracias. Entonces, Andrea se acercó a la mariquita y dijo:

  • Gracias mariquita por devolverme a la vida, solo dejé de pensar en los demás por un momento para pensar en mí. Tú hiciste que me diera cuenta de lo necesaria que soy para todos los que habitáis en esta pequeña parte del planeta y eso me hace inmensamente feliz.

niña

Publicado el

Abril 19, 2017

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