Hulk y la cueva mágica

Hulk y la cueva mágica

Hulk y la cueva mágica

 

Érase una vez un niño llamado Daniel, que se sentía siempre distinto a los demás. Daniel poseía una fuerza extraordinaria que apenas podía controlar, y que fuera siempre el más fuerte era motivo de envidia y burlas continuas por parte de sus compañeros. Aquello ponía muy triste a Daniel, que estaba cansado de sentirse diferente y que soñaba con encontrar su sitio en el mundo, tal vez muy lejos de allí.

Un día, mientras caminaba por un bosque junto a su abuelo, Daniel escuchó un ruido que le alertó. Retirándose un poco para poder comprobar de dónde procedía el sonido, lejos de las fuertes pisadas de su abuelo, Daniel llegó hasta una cueva que se encontraba escondida entre los árboles, con una extraña botella brillante justo en la entrada.

Sin pensárselo dos veces, Daniel cogió la botella del suelo y la sostuvo entre sus fuertes manos, lo que hizo que comenzase a vibrar y a emitir destellos de luz. Entonces Daniel se asustó un poco y, sin querer, dejó caer la botella al suelo cuando, un extrañísimo humo verde, comenzó a salir de la botella rodeando al pequeño. Aquel humo fue transformando poco a poco la figura de Daniel, que crecía sin parar y se iba volviendo de color verde. Y crecían sus músculos y se ensanchaban sus manos, hasta que… ¡se convirtió en el propio Hulk! ¡Uno de sus superhéroes favoritos!

 

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Y aunque todo aquello asustaba un poco, rápidamente Daniel se sintió bien, pues sabía que Hulk era alguien bueno y justo, y comprendió que tal vez él también estaba destinado a luchar contra las injusticias y proteger a los demás. Hulk era un héroe que utilizaba su fuerza para ayudar a otros y para hacer el bien, y no le limitaba ni le entristecía, como sí le ocurría a él, por lo que empezó a utilizarla para cosas útiles. Así, pronto comenzó a levantar coches atrapados con apenas un chasquido, apagaba incendios con sus propias manos, frenaba a los malos… y detenía a los ladrones que se atrevían a robar en su ciudad, por lo que todos, muy pronto, comenzaron a admirarle, aunque nadie le reconocía.

Un día, sin embargo, el embrujo del humo verde se esfumó, y Daniel volvió a ser un niño extremadamente fuerte y asustado y tuvo que volver al colegio, donde todo siguió igual. Allí pudo descubrir que, en sus días de ausencia, había entrado un nuevo compañero llamado Pablo que también se sentía distinto a los demás y que también era muy fan de los superhéroes aunque, al contrario que él, todo era por culpa de ser muy pequeño y torpón.

Afortunadamente, Daniel había aprendido algunas cosas en sus días de gigante verde, y pudo animar a Pablo asegurándole que él también tendría alguna habilidad especial y que lo importante siempre, en cualquier caso, era saber cuál es el bien y practicarlo. Entonces Daniel quiso llevar una tarde a Pablo al Bosque, para ver si él también podría hacer uso de la botella y sentirse así algo mejor, cuando, para su sorpresa, a las puertas de la cueva ya no se encontraba la botella, sino…¡El mismísimo Hulk!

Hulk sonrió entonces al ver a Daniel y a Pablo boquiabiertos, y decidió entrenarlos para que pudiesen controlar mejor la tristeza y el desánimo con la fuerza de su interior. Y así, todos juntos, se convirtieron en un equipo formidable, recorriendo la ciudad y ayudando a todo aquel que lo necesitaba y que se encontraba en apuros, lo que sirvió también para que los compañeros del colegio les vieran y no se atrevieran a burlarse de ellos nunca más.

Pasado un tiempo, Hulk se despidió de ellos de nuevo en la puerta de la cueva. Aunque los pequeños no querían despedirse de él, la formación había terminado, y Daniel y Pablo ya estaban listos para valerse por sí mismos pues, no estaban solos y ya habían encontrado su lugar en el mundo haciéndose grandes amigos.

 

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Mucho tiempo después, ya mayores, Daniel y Pablo continuaron con su amistad y decidieron abrir una academia llamada “La cueva mágica”, en la que instruían a otros niños recordándoles que la fuerza no se mide por los músculos, sino por la bondad y la fuerza que llevamos dentro, y haciéndoles ver que todos tenemos nuestro lugar en el mundo. Y mientras, Hulk, de vez en cuando, volvía de nuevo para observarles desde lejos y ver que todo seguía viento en popa y que su trabajo había dado frutos. ¡Qué orgulloso estaba de ellos!


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1 Comentario

  1. Jessica

    Está hermoso el cuento, saludos desde Perú, desde la ciudad de Ica

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