CUENTO INFANTIL: El caballito triste | Bosque de Fantasías

El caballito triste

El caballito triste

Hace muchos años vivía una niña en un pueblecito muy pequeño; tanto, que ni siquiera había tiendas como las hay ahora. Aquella niña siempre había soñado con tener un caballito balancín, pero nunca se lo habían regalado.

Un día su papá fue a la ciudad y le compró el caballito más bonito que jamás había visto para su cumpleaños. ¡Menuda alegría que se llevó su hija cuando lo vio!

Entonces, la niña decidió colocarlo junto a la ventana de su habitación para poder cabalgar viendo el paisaje y así poder soñar mil y una aventuras mirando al cielo. Sin embargo, aquella ilusión desapareció muy pronto y, pasadas tan solo un par de semanas, el caballito tan deseado por la niña quedó solo y arrinconado en una esquina del cuarto.

El caballito ya no podía ver el paisaje y nadie jugaba con él y cada día que pasaba se encontraba más triste. Estaba convencido de que había conocido al fin a su compañera de juegos ideal, aunque no hubiera durado demasiado la alegría.

Pero una tarde como otra cualquiera, la niña llegó a casa con un compañero de clase que subió a su habitación para hacer juntos los deberes de la escuela. Aquel amiguito pasó toda una tarde entera en la casa y no se fue sin percatarse de la presencia del caballito.

  • ¿Me dejas jugar con él? –Preguntó el niño- ¡Es increíble, siempre he querido tener uno!
  • Bueno, como quieras, a mí ya no me gusta – contestó la niña.

Y el niño corrió dispuesto a montarse en el caballo, pero éste no se balanceaba. Por más que el niño se movía el caballito permanecía quieto, como si estuviese hecho de un metal muy pesado. Muy asustado y tras varios intentos, el niño finalmente se bajó del caballito y fue a buscar y a advertir de lo que ocurría a la niña, que había bajado a merendar a la cocina.

La niña, creyendo que era una broma, entró y comprobó que ya no podía cabalgar con su caballito. Sin embargo, no fue capaz de averiguar la razón, pues apenas lo había usado y no podía estar roto. Entonces vio que en la cara del caballito había lágrimas y comprendió que el caballito se había puesto triste porque ya no le hacía caso.

Aquello, que sin duda parecía obra de un milagro, hizo reflexionar a la niña sobre su actitud y decidió ser generosa y regalárselo a su amiguito, que nunca había podido tener uno. De este modo el caballito nunca más estaría solo y abandonado, pues su nuevo dueño tenía muchos hermanitos y siempre habría dispuesto algún niño para jugar con él.

Y así fue como el caballito balancín, además de ser muy feliz, hizo muy feliz también a todos los niños de su nueva casa durante años y años.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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