El escorpión y la rana

El escorpión y la rana

Fábula: El escorpión y la rana

 

Érase una vez una rana que vivía en un apacible estanque, entre pequeñas libélulas y mariposas.

Un día que la rana se encontraba nadando en el estanque, sin preocuparse de nada más que de divertirse, de pronto escuchó que la llamaban desde lejos: “¡Eh, tú! ¡Sí, tú!…”.

—¿Yo? —Preguntó la rana.

—¡Sí, tú! —Respondió la extraña voz.

La rana no podía ver quién la llamaba, así que se acercó un poco más, hasta llegar a la orilla. Pero, para su sorpresa, al acercarse más, se dio cuenta de que quien la llamaba era un temible escorpión. Entonces un escalofrío recorrió el cuerpo de la rana, que sabía que los escorpiones tienen una cola venenosa, por lo que pueden  ser muy peligrosos.

—Ven, por favor —decía el escorpión.

 

Fábula El escorpión y la rana

 

Y como la rana era muy educada, se acercó un poco más hacia donde estaba el escorpión para saber qué quería decir:

—Necesito que me ayudes a cruzar al otro lado, porque tengo una cita importante que tengo que cumplir —dijo el escorpión.

—¿Y cómo podría ayudarte? —preguntó la rana.

—Yo me subiré a tu espalda y, todo lo que tienes que hacer tú es nadar, como sueles hacer, y así me podrás llevar hasta la otra orilla, que es a donde necesito ir.

Al escuchar esto la rana dudó, y es que desde muy pequeña había escuchado que no debía confiar en los escorpiones, sin embargo, este parecía ser muy amigable y educado.

—¿Cómo sé que no me vas a picar una vez que estés sobre mi espalda? Los escorpiones tienen fama de ser muy malos.

—Pues no te voy a picar, porque si lo hiciera, nos hundiríamos los dos —respondió entonces el escorpión.

Y podía ser cierto, por lo que la rana se quedó convencida y decidió ayudar al escorpión. A fin de cuentas, no le suponía ningún trabajo, solo debía nadar de una orilla a la otra, como ella solía siempre hacer.

Y así fue como el escorpión se subió sobre su espalda y, sin más dilación, la rana empezó a nadar en un completo silencio. Todo parecía ir bien y la rana estaba alegre, pues ambos se encontraban, sin problemas, a punto de llegar a la otra orilla. Justo después, sin embargo, la rana sintió como un doloroso aguijón clavándose en su  espalda: ¡el escorpión la había picado!

Y como el veneno de los escorpiones es rápido en actuar, la rana ya no pudo moverse y los dos empezaron a hundirse. Con sus últimas fuerzas, la rana preguntó al escorpión por qué lo había hecho, si ambos iban a hundirse en el riachuelo.

—Lo siento, ranita —dijo el escorpión—, pero es mi naturaleza, no puedo hacer otra cosa. Y aunque yo quisiera ser diferente, no podría cambiar lo que soy.

Tras aquellas palabras, el escorpión y la rana desaparecieron para siempre, hundiéndose en el fondo del riachuelo.

 

El escorpión y la rana fábula

 

La moraleja de esta fábula, amiguitos, es que no debemos dejarnos engañar con los animales, pues la naturaleza de algunos es salvaje, por más “adorables” que puedan parecer. Esto no quiere decir que quieran hacernos daño, sino que su naturaleza es así, por lo que debemos respetarlos siempre con toda la precaución y el cuidado posibles.


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