Leyenda de Navidad de Alemania: Belsnickel | Bosque de Fantasías

Belsnickel

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Leyenda alemana de Navidad: Belsnickel

 

Había una vez un tiempo en que Papá Noel, ya siendo bastante viejo, se encontraba cansado por la larga lista de regalos que cada año tenía que entregar. Todos los años nacían nuevos niños a quienes había que darle regalos, y si bien Papá Noel amaba su tarea, sentía que no podía entregárselos a todos, así que un día decidió buscar nuevos ayudantes para llevar a cabo la mágica tarea de repartir regalos en Nochebuena.

Así, el viejo bonachón viajó por diferentes países en su búsqueda, recorriendo lugares comunes y lugares mágicos, y encontrándose con personajes de lo más variado, como duendes y otras criaturas mágicas. Pero para ayudar a Papá Noel en su tarea no era necesario tener magia, sino un gran corazón, como era el caso del viejo Belsnickel.

 

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Belsnickel era un anciano al que le gustaban mucho las montañas y la naturaleza, por lo que vivía en una pequeña cabaña perdida en medio de los majestuosos Alpes. Rara vez bajaba al pueblo cercano y, cuando lo hacía, los niños le observaban con respeto y un toque de miedo, fascinados por su aura de misterio. Con su larga melena blanca y una barba espesa que le llegaba hasta el ombligo, Belsnickel emanaba un encanto peculiar.

Aunque los niños lo percibían como un personaje enigmático, Belsnickel adoraba a los más pequeños. A pesar de no haber tenido hijos propios, sentía una conexión especial con ellos. De vez en cuando, descendía al pueblo en secreto para dejar regalos sorpresa en las puertas de las casas en las que había niños. Aquellos obsequios eran pequeños juguetes tallados en madera por él mismo: pájaros, mariposas, estrellas… ¡Belsnickel era muy talentoso! Y los niños, ajenos a la benevolencia del anciano, agradecían los regalos sin conocer la identidad de su misterioso donante.

Sucedió entonces que Papá Noel llegó a Alemania, a un lugar muy cerca de los Alpes, en busca de ese nuevo colaborador, pero no encontraba a nadie que terminara de convencerle. Así, una noche, mientras todos dormían, observó cómo Belsnickel realizaba sus actos bondadosos. Al ver al anciano deslizarse de puntillas de puerta en puerta, sonrió satisfecho. ¡Había encontrado al candidato perfecto para volverse su nuevo ayudante!

Siguiendo a Belsnickel hasta su cabaña, Papá Noel se presentó ante el anciano y fue recibido con amabilidad, sorprendiéndose del parecido físico que ambos compartían. Sin perder tiempo, Papá Noel le dejó saber la razón de su visita:

—Ya estoy muy viejo —le dijo a Belsnickel—, y en el mundo cada vez hay más niños, por lo que necesito que alguien me ayude a entregar los regalos, y creo que tú eres el indicado para hacerlo, Belsnickel. ¿Qué te parece?

—¡Oh, sería un honor! —Respondió emocionado Belsnickel.

Y así quedó acordado, y desde ese momento Belsnickel se convirtió en un leal colaborador de Papá Noel, comprometido con la promesa de llevar todas las Nochebuenas regalos a los niños, como tanto le gustaba hacer.

 

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Pero como Belsnickel no tenía poderes mágicos, solo podía entregar los regalos en los lugares cercanos, motivo por el que Papá Noel decidió que el anciano solo cumpliría con la encomienda en los lugares aledaños a su hogar, y es por eso por lo que el viejo Belsnickel solo entrega regalos en algunos lugares de Alemania y Austria, donde cada Nochebuena los niños esperan su llegada con emoción. Y, aunque con el tiempo Papá Noel tuvo nuevos ayudantes en otros lugares, lo cierto es que nunca hubo nadie que, con los años, se pareciese tanto a él.


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