El dinosaurio dormilón

El dinosaurio dormilón

El dinosaurio dormilón

 

Hace mucho tiempo, cuando el mundo aún era muy joven, existió un grupo de animales muy curioso al que hoy en día llamamos dinosaurios. La tierra entera estaba poblada de estas criaturas fascinantes: algunos eran capaces de volar bajo el cielo azul, otros vivían bajo el mar…, mientras que el resto pasaban su vida en la tierra. Algunos de estos dinosaurios comían carne y otros comían plantas, pasando sus días moviéndose de un lado a otro y viviendo una vida tranquila de acá para allá.

Entre todos ellos, había un dinosaurio especial llamado Rigoberto, que desde pequeño siempre prefirió quedarse en el nido para dormir en vez de salir a jugar. Tampoco le gustaba caminar ni nadar, de hecho, lo único que le gustaba era comer muchos vegetales y tomar una larga siesta después. Así, una primavera en la que los campos estaban especialmente llenos de hojas frescas y frutas deliciosas, Rigoberto aprovechó para comer y comer sin parar.

 

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Algunos dinosaurios afirmaban sin dudarlo que nunca habían visto a un pequeñín comer tanto, pues por poco se come toda la vegetación de la tierra, pero lo cierto es que a Rigoberto no le parecía tanto, y tras comer y beber agua se sintió tan satisfecho que de nuevo se fue a dormir una larga siesta. Y Rigoberto durmió tanto y tanto que los meses pasaron y se convirtieron en años, y aun así no despertaba, continuando por el mundo de los sueños hasta que el hambre le hizo al fin despertar y salir de la cueva en la que estaba para comer algo.

Solo cuando estuvo medianamente satisfecho, Rigoberto se dio cuenta de que el mundo lucía completamente distinto. ¡Y es que ya había llegado el mundo moderno! Había una ciudad donde antes había un campo, había humanos caminando por la calle y coches moviéndose en todas direcciones en lugar de dinosaurios…y todo esto hizo que Rigoberto se sintiese muy confundido. Sin embargo, en lugar de asustarse, quiso preguntar para encontrar respuestas, pero cada vez que se acercaba a un humano estos salían corriendo y gritaban como si Rigoberto fuera un monstruo y le tuvieran mucho miedo.  Pobre Rigoberto… ¡estaba muy solo y perdido y no tenía a dónde ir!

Entonces el pequeño Pedro, un niño que iba paseando de regreso a casa, encontró al dinosaurio Rigoberto sentado muy triste en la calle y decidió acercarse para preguntarle qué le sucedía.

  • Las personas se asustan cuando me acerco, pero yo estoy más asustado −lloraba el dinosaurio− me acosté un día para dormir un poco porque tenía la barriga algo llena y cuando desperté el mundo era completamente diferente. Ahora no tengo casa y estoy solito, no sé qué hacer. ¡No veo que haya dinosaurios como yo por ninguna parte!

Pedro se sintió muy mal por el dinosaurio Rigoberto y le invitó a su casa para que se sintiera más seguro y pudiera tranquilizarse. Al llegar, la mamá de Pedro se asustó mucho al ver que había un dinosaurio con su hijo, pero en lugar de gritar y correr decidió escuchar atentamente la explicación que sin duda debía tener su pequeño:

  • Mamá, este dinosaurio está solito en este mundo, no tiene a nadie porque se quedó dormido y todos sus familiares se fueron. ¿Puede quedarse con nosotros? −preguntó Pedro con los ojitos muy brillantes…tanto, que su mamá solo pudo asentir.

Aquello hizo que Rigoberto, el dinosaurio glotón y dormilón, se pusiera muy contento al encontrar un nuevo hogar, e incluso le hicieron una casita para él en el patio de la casa (puesto que en realidad no cabía en otro sitio) y todos en la ciudad aceptaron poco a poco el hecho de que un dinosaurio viviera con ellos. Pasado el susto inicial, lo cierto es que Rigoberto había tenido mucha suerte y, aunque ya no había seres como él en el mundo, sin duda en aquella familia y en aquellos vecinos había encontrado de nuevo un hogar en el que sentirse igual de bien siendo tan diferente. Y lo más importante, había aprendido que ser demasiado dormilón en la vida, nunca es la mejor opción.

 

Rigoberto, el dinosaurio dormilón


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