CUENTO PARA DORMIR: La noche más larga del mundo

La noche más larga del mundo

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Érase una vez un niño al que le gustaba mucho bailar y cantar. Siempre estaba cantando estrofas de las canciones que se aprendía, y cuando no estaba cantando, hacía los pases de los bailes que miraba en la televisión. Lo que más le gustaba a Matías era brindar espectáculos a todos sus seres queridos, especialmente a sus padres, porque sabía que ellos se divertían mucho. Y tras hacer su número especial, sus padres le aplaudían diciendo: «¡Hurra! ¡Qué gran bailarín eres, Matías!».

Pero si algo no le gustaba a Matías, eso era irse a dormir. No le gustaba tener que quedarse solo en su habitación, tampoco le gustaba que todo se quedara en silencio y mucho menos  la oscuridad de la noche, aun dejando encendida la pequeña lamparita de su habitación.

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Así que todas las noches al pequeño Matías se le hacía difícil irse a la cama. Sin embargo, una noche, la hora de irse a dormir se hizo más difícil que nunca, y es que aquel día su amigo Eugenio le había contado una historia sobre un monstruo que vivía debajo de la cama de los niños. Entonces, Matías pensó en su cama y sabía que era el lugar perfecto para que el monstruo se escondiera allí, pues además su habitación era bastante bonita. Dada la situación, y como no iba a poder dormir, Matías hizo planes para que sus padres se pudieran mantener con él despiertos durante toda la noche.

Matías sabía que siempre que bailaba y cantaba ellos le prestaban toda su atención, incluso aunque fuera muy tarde se quedaban viéndole hacer su espectáculo. Así que, si esa noche bailaba y cantaba sin parar, papá y mamá no se irían a dormir y estarían toda la noche diciéndole hurra y todas aquellas palabras tan mágicas, hasta que dejara de ser de noche y el monstruo se fuese de su habitación.

 

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Y así lo hizo: después de cenar, empezó a bailar para sus padres. Bailó y bailó todas las coreografías que conocía, y cuando se le acabaron las coreografías empezó a cantar todas las canciones que conocía.

Sus padres en un principio estaban muy entusiasmados, pero conforme la noche avanzaba, su entusiasmo parecía disminuir.

Matías en un momento pensó que sus papás se estaban aburriendo de él y que ya no les gustaba la manera en que bailaba y cantaba, pero la verdad es que se estaba haciendo tan tarde que sus padres se estaban quedando dormidos. ¡Y poco después se pusieron a roncar! Y mientras Matías permanecía allí, cansado también y casi sin repertorio, pero sin ganas de ir a dormir.

Es cierto que primero Matías se molestó un poco con ellos, porque no habían visto todo su espectáculo, pero luego entendió que sus padres estaban cansados y, dando un bostezo, se dio cuenta de que él también estaba cansado.

Entonces, armándose de valor (y después de arropar a sus padres) fue a su habitación y se asomó debajo de la cama, dándose cuenta de que lo único que allí había era una vieja pelota y un poquito de polvo: «Al parecer era mentira lo del monstruo», se dijo a sí mismo.

Y volviendo a donde estaban sus padres, Matías los despertó para que se fueran a dormir a su habitación y descansaran mejor.

—Oh, disculpa, hijo —dijo su papá—, creo que nos hemos quedado dormidos.

—No pasa nada, papá —respondió el pequeño—, creo que es hora de que yo haga lo mismo…

Aquella noche, ya en su cama, Matías no tuvo miedo del monstruo de debajo de la cama y tampoco se molestó por el silencio o la oscuridad. En lugar de eso, y apenas estuvo abrigadito por su manta, se quedó dormido y descansó como nunca lo había hecho, pues había sido la noche más larga del mundo.

la noche más larga del mundo cuentoDe esta forma el pequeño Matías aprendió a enfrentar sus miedos y a no dejar que le impidan hacer cosas tan importantes como irse a dormir.


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