CUENTOS INFANTILES: El koala que salvó al bosque

El koala que salvó al Bosque

El koala que salvó al Bosque

Cuentos infantiles: El koala que salvó al Bosque

 

Kikú nunca había visto a su mamá con un rostro tan triste. Es verdad que ella casi siempre se hacía la fuerte, con tal de que su familia siempre estuviera sana, salva y feliz, pero aquel día era distinto. Su mirada presagiaba que todos debían estar en peligro, porque la mamá de Kikú no podía aguantarse las lágrimas.

Kikú, que era uno de los koalas más inteligentes del mundo, tuvo entonces la sensación de que debía ayudar a su mamá a secar aquellas lágrimas, como hacía siempre ella cuando él lo necesitaba. Entonces, ni corto ni perezoso, Kikú abandonó su casa en el bosque, situada sobre la copa de un gran árbol, para adentrarse en el pueblo de los humanos.

En su tierra, Australia, muchas veces hacía mucho calor, pero ahora todo era muy diferente. Muchos animales gemían y corrían despavoridos de un lado a otro del bosque, y se rumoreaba que muchos más vecinos estaban perdiendo su hogar por culpa de un terrible fuego, incluso los canguros, que siempre podían escapar de todo dando increíbles saltos. Por eso ya no hacía solo calor, porque el aire que venía de la zona más profunda del bosque venía con tanta fuerza que casi ahogaba, y hacía días que la mamá de Kikú no podía ir a por las hojas de eucalipto que cogía frente al gran arroyo para beber agua.

Kikú, que temía por los suyos y por los demás animales de su querido bosque, estaba convencido de que los humanos podían tener la respuesta a qué era lo que ocurría. Tal vez sabrían cómo su mamá podía volver a por sus ricas hojas de eucalipto y así todo estaría mejor y ya no lloraría. Entonces, a la salida del bosque, cuando los árboles y la hierba se interrumpían y daban paso a una gigante y dura lengua gris, Kikú divisó a un grupo de jóvenes humanos que corrieron hacia él nada más verle:

  • ¡Tiene hasta las pestañitas quemadas! – dijo uno.
  • ¡Seguro que tiene sed! ¡Ayuda! – dijo otra, mientras cogía a Kikú y lo cubría con una mantita húmeda.

EL KOALA KIKÚ

Es cierto que la mamá de Kikú le había dicho muchas veces que debía protegerse de aquellos humanos, porque nunca se sabía…pero a Kikú aquella gente le pareció tan amable que no rechistó, dejándose llevar y disfrutando por un momento del agua fresca que le servían como en unos tubos de bambú por los que incluso se podía ver.

Aquellos humanos gritaban desconsolados por el fuego mirando al bosque, y lloraban tanto o más que la mamá de Kikú. Al verlo, el pequeño koala solo pudo pensar en que había dejado solita y triste a mamá, y se revolvía intentando escapar de los brazos de aquellos amables humanos, que no le soltaban. Entonces, como movida por un rayo invisible de sol, una mariposa monarca se posó sobre las mejillas de Kikú, por las que resbalaban ya las lágrimas, y con su larga trompa pudo averiguar de qué dolor profundo venían aquellas saladas gotas mientras las saboreaba.

Poco tiempo tardó la mariposa en emprender el vuelo y en comunicarse con sus hermanas, tras susurrarle unas breves palabras de consuelo a Kikú, y todas fueron poniéndose en marcha para ayudar al pequeño koala y a todos los demás animales y seres vivos del bosque. Unas mariposas volaron algunos metros para comunicarse con las ballenas de la playa; otras fueron algo más allá para absorber agua de todos los eucaliptos cercanos; y las más aventureras, recorrieron más de 3.000 kilómetros para hablar con un sinfín de elefantes, dispuestos también a ayudar.

La conexión entre los elefantes fue tan asombrosa que consiguieron soplar y soplar con sus trompas, tan fuerte, que hasta la última de las ballenas de la tierra escuchó su llamada. Todas nadaron entonces lo más rápido posible hasta la tierra de Kikú, dispuestas a escupir litros y litros de agua lo suficientemente alto como para apagar hasta la última de las llamas.

Así lo hicieron, y tras un duro trabajo y esfuerzo consiguieron que el fuego dejase de asolar el bosque de Kikú, que por fin quedó en calma y con su mamá y el resto de animales a salvo. Los humanos, una vez seguros de que el fuego había terminado, dieron un fuerte abrazo de despedida a Kikú, que estaba agradecido pero ansioso por volver junto a su mamá y por empezar a trabajar duro para curar las heridas del bosque. Pero el pequeño koala no emprendió el viaje de vuelta solo, porque junto a él volaba la mariposa monarca que se había posado sobre una de sus mejillas, dispuesta a custodiarle todo el camino en señal de agradecimiento por su decisión y su gran arrojo. Kikú, con su llamada de auxilio, había salvado el bosque.

INCENDIOS-AUSTRALIA-KOALAS

 

 

 


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3 Comentarios

  1. Yarosly

    Quisiera saber los autores de su cuentos y fábulas debido a que no vienen especificados. Gracias

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    • Bosque de Fantasías

      Hola Yarosly, la autora es Almudena Orellana Palomares, un cordial saludo!

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  2. MARÍA CANDELARIA NIÑO MANCILLA

    excelente cuento para sensibilizar a los chicos, para la preservación de la naturaleza y de las especies.

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